03 mayo 2014

Mario Ortiz



Todas las vías que cruzan la ciudad están conectadas entre sí. Calculamos que todos los poemas sobre vías y trenes, por lo tanto, también,





ahora en el paso a nivel de Lavalle
no viene el carguero
el extensísimo ferroexpresopampeano con dos locomotoras y cien
vagones container
nada

sino los chicos de la escuela
pateando los pedregullos entre los durmientes

¿tuvieron clase hoy?
tuvimos clase de lengua hoy.
empezamos a ver el sustantivo
el hypokéimenon
lo que yace por debajo de la oración, del mundo
y las vías
donde los yuyos guardan pedacitos
de vidrio en sus tallos de ostra

y la matemática tuvimos, dice ellos sobre
las paralelas de las vías que
por definición se juntan en el infinito
aunque, lo sabemos,
se junten más allá de Spurr

y los chicos, por la forma
en que hablan del partido que jugaron
no se preocupan de estar caminando
sobre lo que no tiene fin.
Una cierta fragilidad los contiene
pues apenas moverse a un costado
es caer de esas líneas
que los conduciría directamente a una estación inmóvil,
guardiana del exacto punto donde se violan
los axiomas matemáticos fundamentales
junto a los cambios del Vía Pringles

ese chico ahora se inclina
para alcanzar una piedra sobre el durmiente
no sabe, no puede saber
que ese durmiente es una durmiente
la Bella Durmiente
y si al rozar sus dedos ella despertará
o el chico saldrá corriendo al ver
que sus compañeros se han alejado
y casi están por llegar al puente de Belgrano,
por no ser la madera transparente
donde se vean las mujeres dormidas
en esos cofres de cristalinos

y vos entonces,
¿vas a amar al primero que te despierte?
¿o preferís seguir durmiendo
con el sueño de los trenes
el castillo encantado
en un país de leyenda
adornado para el bautismo de una princesa?
porque todas las mujeres se vuelven árboles, Apolo,
después de que perseguiste a una sola de ellas

y son ellas quienes permanecen
después de que los chicos pasaron, algunos,
el puente y otros bajaron en Las Heras

y a la madrugada
los trenes pasan solamente como sonido
por los sueños de los hombres
iluminando un paso a nivel ya sin alumnos
de escuela que sólo más tarde existirán
mañana las mochilas
volverán a dar saltitos sobre doncellas
recostadas para sostener
lo que no
tiene
fin.




Mario Ortiz (1965, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: www.plantarevista.com
Imagen: www.taringa.net 




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