Carmen Piqueras



Okupas






He vuelto a casa.
Encuentro cucarachas patas arriba
por todos los rincones.
Es cierto que ordené fumigar
antes de partir, detesto
que nada perturbe la asepsia
de mi vida.
El tipo que esparció el veneno dijo:
“No será inmediato, pero una vez
que rocen la sustancia
no habrá remedio para ellas”. Fumaba
mientras lo dijo. Mientras dijo “sustancia”
sustanciaba los rincones de mi casa.
(Hube de emplear un aerosol
para eliminar el olor del cigarro).

Las miro casi con piedad,
a las cucarachas, digo, y las barro
con una mezcla de aprehensión y culpa.
He leído que agonizan durante días
sin comida ni agua, así, patas arriba,
mostrando la impudicia de su exoesqueleto,
por otro lado, tan parecido
al de los crustáceos
que no nos parecen repugnantes,
que comemos sin tocar con los dedos
quienes, por cuna o matrimonio,
nunca nos manchamos.
En algún sitio habrán quedado
abandonados sus huevos
o pequeñas crías, esperando

su diaria ración de mierda,
la porquería que las hará gordas y,
probablemente, rencorosas.
Si no se barren, pronto llegarán las hormigas
y cargarán con ellas, botín famélico.

Por eso nos resultan amables
las hormigas, amables y ejemplificantes,
más por su laboriosidad
inmune a los rigores del verano,
por su implacable ejército que obedece y no cuestiona
la autoridad que emana del subsuelo.
De todos es sabido que el verdadero poder,
el poder absoluto, tiene su guarida
en las cloacas.





Carmen Piqueras (1963, Murcia, España)
Fuente: www.elcoloquiodelosperros.weebly.com

Imagen: www.elartesanodelaimagen.blogspot.com








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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.