09 agosto 2014

Laura García del Castaño




Mi padre no sabía sangrar
pero aprendió a fumar como un jinete de la muerte
Encendía su cigarrillo y se sentaba en un rincón de la casa
Había humo en su mañana
La rabia y la ceguera le crecían por la siesta
Cuando se fue, no pude llorar
Todavía en medio de la noche veo la colilla encendida
una luz que no alcanza a iluminar nada
pero prende fuego a todos los rostros de mi mente
Acerco la frente y arde la proximidad de mi padre
Arde su corazón como un animal tejido en mi interior
Él aprendió a justificar su ausencia con la muerte
yo aprendí a jugar que me desangro. No es cierto.
Lo único cierto es que fumo en la oscuridad de aquel rincón
Llevo a mi padre al pulmón y me siento como él,
            en el borde de la rabia y la ceguera
Soy una mujer distante. Soy la herida hermética
            que mi padre no aprendió a sangrar
Y él es también mi radical y más cerrada herida
Por eso cada noche nos sentamos en silencio,
             con más fuego que espanto
Nos sentamos a extinguir lo que no pudo apagarse
con la muerte
Me esfuerzo por sangrar pero sólo cae ceniza




De:"El animal no domesticado", Editorial Gráfica 29 de mayo, 2014
Otros poemas de Laura García del Castaño, aquí

Imagen: Facebook



1 comentario:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...