Diana Laurencich




Día de la madre





Hubo un día
en que el padre le golpeó a la madre
entre la heladera y el horno
el pollo y el fuego
el hombro y el corazón

hubo un día
mucho después
en que el hijo del padre
empujó a la madre
contra la heladera
cerca del horno
le golpeó en el hombro
y el corazón
mientras el pollo se asaba al fuego.





Al este de la cordura





La belleza se encuentra en cualquier parte
en un pino coronado por un pajarraco amarillo
en la voz desesperada de los que no pueden cantar
en un penal atajado con halopidol en las venas
en la hormiga que levanta diez veces su peso en la tarde de invierno
ajena a patrullas y ratis
ajena a los gritos
que ya no escucha la tía Darinka con su eterno rodete de trenzas
ni el viejo que no estira la pata en la clínica privada
al lado de Juan de noventa y seis años
todo mi malestar doctora-dice-
todo mi mal yo sé lo saco por el ano
traiganme por favor el alcohol que tengo a la derecha en mi cómoda
me froto el vientre doctora
y me siento al sol a esperar
nada más

la hormiga está al sol
que pidieron varios esta semana
die sonne -femenino en alemán-
alivio al corazón
destierro de melancolía

aún
la belleza se nos aparece igual
inaudita y fugaz
en un desequilibrio del tiempo
tregua de dios en su ahorque
el viento
los ojos
el viento
el llanto
el viento
y la reja que se cierra dejándonos de este lado
al este del paraíso
-cerrá- ordena alguien
y me voy

¿ Estoy afuera? 







Diana Laurencich (1963, Buenos Aires, Argentina)

Imagen: Propiedad de la autora



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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.