29/11/14

Hugo Tabachnik, un poeta ocasional. "Mi propia santidad me conmueve"

Esta página electrónica, blanca, brillante, contrasta con las hojas amarillentas y ajadas que atesoré durante muchos años. Se justifica: en el borde inferior se puede leer PRIMERA PLANA y sobre el margen derecho, 23 (o 28) de mayo de 1968. El azar -no compraba la revista todas las semanas- me reunió con este poema de Hugo Tabachnik.



"Es acaso el mayor poeta desconocido que haya producido la Argentina en la última década: jamás editó un libro, y toda su contribución a la historia de la literatura es, hasta el presente, un poema publicado en el único número de El Ángel del Altillo, una sorpresiva revista que inquietó el verano de 1966, en Buenos Aires."
Luego, Hugo Tabachnik comenta: "Trabajé en una relojería de mi tío, en una fábrica de juguetes, vendiendo diarios en una esquina, (...) con José Peroni pusimos cinco quioscos para vender Coca-Cola en Monte Hermoso con resultados lamentables, pero con mucho mar (...) Viví en el arroyo Gambado, en el Tigre, intentando una forma colectiva de vida bajo los signos de la libertad y el amor. Hace tres años asumí mi condición de judío errante y en estos momentos me siento acompañado por Allen Ginsberg..."  
"Los datos que faltan son breves: tiene 30 años, trabaja como tornero de platos de cobre, vivió en media docena de lugares este año en Nueva York, pero mi corazón pertenece al East Village.



Presentación de "Volviendo a casa", de Hugo Tabachnik en Ediciones de la Grieta, 09/2014


































Pequeño tratado de ornitología




Del desplegar de los pájaros

"Y Jonathan dijo a David: Ven,salgamos al campo. Y salieron ambos al campo"
Samuel, 20:11

"Afect and light-hearted. I take to the open road, Healthy, free, the world before me, The long brown path before me leading whereven I choose."

Walt Whitman
  



Manny, será el recuerdo de días pasados, digamos los ojos o la manera de mirar como una vieja Kodak en ese puerto del sur y papá que no sabía contestar mis preguntas. Y algo de caramelo viejo, también.

Manny, yo iba a empezar diciendo: nací hace treinta años en Buenos Aires y treinta cielos cayeron sobre el río.

Pero fue antes ese abrazo agazapado, la gente no sabía ya nada más, la nieve y el tren elevado nos quemaba la espalda, no había ya nada más que esperar.

Te digo, Manny, que yo guardé luto por la pérdida de mis alas, este invierno no se acaba, todavía nieva, me paso los días mirándome del anverso, mirándome del reverso, soy muy miope en todo esto.

Manny, tengo un agujero en el pecho y el viento pasa a través de él y me siento muy gastado, he mirado como una botella mil banderas, me averguenza este olor de cebollas que me inunda.

A veces pienso que esta ciudad nos hace muy mal, tengo días de dolores de muelas y me siento harto de preparar comidas horribles.

WABC me espera cuando llego a casa cansado del trabajo, siempre llego cansado y sucede que no sé siquiera si es mi casa o si he tenido casa alguna vez o si merezco tenerla.

Todos los días aparezco por lo puerta con mi montón de ropas, todo un río contra mi, - una guiñada de la muerte junto a la estación de servicio, en veinte pasos hago el amor con un teléfono.

Manny, soy un imbécil, estoy esperándolo todo.

Yo iba a empezar diciéndote que nací hace treinta años, no hagas caso del agujero del pecho, te mostraría montones de fotografías de cómo tú eres en muchos países.

Te contaría biografías falsificadas de próceres ajusticiados en las que yo aparecería como tambor mayor o recorriendo con pólvora alcobas blancas a la hora de la siesta en un silencioso pueblo de provincias.

Te contaria la verdadera historia de mi vida redactada una noche en que me sentía muy solo

Pero siempre hay mucha gente alrededor, Manny, todos mostrando sus culos angélicos, eso es hermoso, y esa nieve y ese tren elevado quemándonos la espalda.

Mis amigos han enloquecido o están muertos, yo les rindo mi homenaje cotidiano en el subterráneo hacía Brooklin, estamos atados por cadáveres.

Manny, yo soy un viejo libertino y te mataré con una fiebre tropical cuyo sabor ignoro.

Manny, tengo serios deseos de vivir.

Ellos no saben nada de todo esto, oculto cuidadosamente mis páginas bajo mil párpados, cuando monto mi bicicleta creen que sonrío.

Ellos no se preocupan en realidad demasiado, procuran hacerme creer que ven  mis coros en el fondo y me ofrecen buenamente zapatos viejos.
´
Manny, a veces creo que nos estamos muriendo.

Manny, quisiera ofrecerte un cigarro como un submarino reluciente de yerba bendita y hablarte de estas cosas.

Yo estaba sobrevolando el Golfo de México y veía miles de caminos surcando la selva y un mundo de viento se abría entre mis ojos y tú estabas seguramente

tejiendo tus brazos en lo alto del edificio de la calle Orchard junto al letrero que dice: Liberty porque es imposible que vivas en otro sitio.

El Lower East Side es ahora mi mndo y se me hace muy difícil imaginar que detrás de los muros hay otras tierras y otros seres.

No sé por qué te descubro a veces bajo tensas lejanas cuerdas de tristeza, el mundo debería ser mejor para nosotros.

Todas las noches me acuesto con Walt Whitman y su Ford T que hace ruido y él me canta su canto del camino abierto hasta quedarme dormido con la cabeza apoyada en su pecho.

Me dieron la dirección de su casa, pienso ir, quiero besar sus amarillentos calzoncillos de patriarca.

Manny, mi amor tiene que atravesar los perros, el aire sólido, tres de la mañana y tambores puertorriqueños y el ojo del Con Edison.

Y llegar a ti esta noche.

Digamos que se trata de los ojos o manera de mirar como una fruta o animales perdidos en largos campos bajo la lluvia en rol país natal olvidado,

O bien esos largos pelos de vida o banderas enhiestas empecinadamente disparadas contra el viento los inacabables murmullos de las luces violáceas que asesinan sobretodos en el Bowery y sus estatuas.

No sé cómo pudiste ser dulce carne y leche cantando y llorando entre golpes furtivos de sombreros negros y el que se tira desde el tercer piso con olor a coles agrias.

Tu vida fue guardada por enjambres de ángeles meones y los ardientes amaneceres de Coney Island y sus viejos maderos y sus arroyos de petróleo agujerearon tus ojos.

Quisiere decirte que nos encontraremos con Mario en el cielo y entonces plañiremos en flautas las melodías indias que aprendí en mis viajes por marineros tatuados,

Y que me creyeras,

Porque nunca volveremos a ver a Mario.

Tendríamos que subir a Williamsbourg Bridge  a plena carrera y lanzarnos desde lo alto y estallar violentamente para poblar de nuevas luces el cielo amordazado de esta ciudad.
  
Supongo que todo empezó en el parque cuando sentí irrefrenable necesidad de asesinar a aquel hombre y su sucia historia, y me vi odiándome plenamente, o

Cuando estaba bajo las patas agudas de los carruajes y sacaron el ataúd, se cantaron los siete rodeamientos:

“Dios que das la vida! Ten piedad de él. Rey del universo.Tú eres fuerte de vida. permite que ande en el país de la vida eterna. Que su alma descanse en el dominio d ela vida”,

sintiendo mi urgente eternidad, la vida al abordaje y vides, la columna de sangre echando mi rostro al desierto, o

cuando vivía en aquella casa de piedra, calles de piedra, pasando por el conciliábulo atardecido de aquellos viejos libres y bebedores.

Hermanos de las locomotoras, sabiendo que mi destino era aquel que latía en sus decrépitas próstatas llenas de cigarrillos descansando en los umbrales.

Tenemos mucho miedo de los policías irlandeses, todos tenemos mucho miedo, tomamos café para aplacar el frío, me pierdo en el subterráneo y aparezco en lugares siniestros.

Me siento abrumado por mis resplandecientes fuegos interiores, esto es demasiado para mi corazón, mis viejas tías descienden de tranvías amarillos y bendicen mi pene.

Digamos que se trata de los ojos o tu belfo de caballo solitario y joven y alegre y húmedo.

Manny, esta es la historia de un permanente llamado.

Yo iba a empezar diciéndole que nací hace treinta años, pero que mis dedos partieron las ardientes nueces de Mesara, y que regocijados

lo veremos cedido por los pechos con una cinta de oro, y veremos en su diestra siete estrellas, y sus pies semejantes al latón fino, la llave que cierra pero que ninguno abre y abre y ninguno cierra,

Y el mar de vidrio, y el caballo blanco, y el bermejo, y el negro, y el amarillo, y el cielo apartado como un libro, y la apertura del séptimo sello,

tal como fue visto por Juan, el Teólogo.

Manny, está es la historia de un ardiente llamado.

Oh David, saldremos al campo, yo tiraré tres saetas, me sentaré junto al rey en la mesa, te volveré a buscar y te veré levantar de la parte del mediodía, y

Él sea entre mi y ti, entre mi simiente y la simiente tuya, para siempre,

A pie y alegres, tomando el camino abierto, tendríamos que subir a Willamsburg Bridge a plena carrera y lanzarnos desde lo alto.

Y estallar

como naranjas
como mariposas
como trigales
como grandes gritos de infancia
como  estiércol
como naipes
como pájaros

Hasta la última sangre.

Manny, sucio viene el día, a veces tomo leche, fumo mucho, me ocurren accidentes, mi propia santidad me conmueve.



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