Marcelo Leites


Soy



(Inédito)



Soy mi cara en el espejo
mi cara detrás del espejo
soy lo que no se ve a simple vista
soy tus ojos en los que me miro
soy la palabra de un dios agonizante
soy un animal que apenas aprendió a caminar
soy otro lugar al que todavía no llego
soy el grito callado de la muerte,
el que muerde las lentas letanías del letargo,
el agua deslizándose por las grietas
de la tierra trémula.
Soy la sombra silenciosa
de una calle oscura,
el que se encuentra
después de un largo viaje.
Soy el que duda
más allá de los límites del cuerpo.
Soy mis manos y mis piernas.
Soy el que se afirma donde no estoy.
Soy el que mira el horizonte
que se corre cada vez más lejos.
Soy cerca y soy lejos
Soy el otro que fui una vez
y el que seré si soy
Soy todo lo que no puedo dejar de ser
Soy el margen de mí mismo
soy
soy
soy afuera
y soy adentro.






Ruido de fondo







Frigia baila con Espartaco.
Gradualmente se quita la malla
y queda desnuda.
Gira, corre, camina, torsiona su cuerpo
alrededor de Espartaco.
Lo envuelve, lo cerca, lo roza con sus pechos
y sus movimientos son sólo una promesa
que se aleja cuando él quiere tocarla.
Espartaco gira alrededor de Frigia
con saltos cada vez más insinuantes
hasta quedar él también desnudo.
Los dos esclavos bailan 
lejos del poder de los romanos
un Adagio que tensiona la orquesta
hasta el límite de las cuerdas
hasta el límite de los cuerpos
hasta el límite del deseo,
pero los movimientos tienen la ingravidez
de las gotas de agua desprendiéndose
del tallo delicado de una planta
y se frotan las manos y los sexos
mirándose hasta perderse en el otro
se huelen se tocan se lamen
y sudorosos vuelan por el escenario.
Espartaco sabe que la muerte se acerca.
¿Qué escuchás en el Adagio? ¿La música?
¿El movimiento de los cuerpos
su ruido de fondo
o sólo lo que está en la superficie?






Tanque australiano




X


Quietud aún inquieta.
Quietud de las cosas.
Inquieto el ojo traduce
un estado de reposo,
un estado de total simplicidad
(que cuesta simplemente todo).
El tanque australiano es argentino,
el tanque no es de guerra
sino de agua.
El ojo percibe más que la mente.
Antes, en el principio estaba
el tanque con su agua pródiga,
pero nadie lo veía.
Ver significa detenerse,
olvidarse de vivir,
y quedarse ahí, dentro del tanque
para siempre.





Otros poemas de Marcelo Leites, aquí

Imagen: Facebook de ML

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