Peter
Fuerte
y resbaladizo,
hecho
para la tertulia de medianoche en el pasto,
enfrentado
por cuatro gatos, se pasa el tiempo durmiendo
—la
primera zarpa separada en la pata delantera, que corresponde
al
pulgar, retraída hasta la punta; la pequeña mata de follaje
o
patas de chicharra sobre cada ojo, aunque se pueden contar las unidades
de
cada grupo; las espinas de pescado dispuestas regularmente alrededor de la
boca,
para
alzarse o caer al unísono como las púas del puerco espín
—ahora
inmóviles. Permite que la gravedad lo achate,
como
si fuera un pedazo de alga amansado y debilitado por la exposición al sol;
obligado,
al extenderse, a yacer estacionario.
Dormir
es resultado del error de que uno debe
hacer
lo mejor para uno mismo;
dormir
—epítome de lo que es para él, como para la mayoría, el fin de la vida.
Demuéstrese
en él cómo hizo la dama para capturar
la
peligrosa serpiente sureña, colocando
el
diente de una horqueta a cada lado
de su
cuello inofensivo; no es bueno intentar
despertarlo:
su cabeza con forma de ciruela
y sus
ojos de caimán no son cómplices de la broma.
Alzado
y movido, se lo puede hacer pendular como una anguila
o
acomodarlo en el antebrazo como a un ratón;
sus
ojos biseccionados por pupilas del grosor de un alfiler,
se
exhiben con un parpadeo, vuelven a cubrirse. ¿Puede ser? Debería decir podría
haber sido;
cuando
él ha conseguido lo mejor de un sueño
—como
en una lucha contra la naturaleza o con gatos— todos lo sabemos.
El
sueño profundo no es en él una ilusión permanente.
Saltando
con precisión de rana, soltando gritos convulsos
silo
alzan, vuelve a ser él mismo;
quedarse
enjaulado entre los travesaños de una silla doméstica
sería
infructuoso —humano. ¿ Qué tiene de bueno la hipocresía?
Es
permisible elegir el propio empleo,
abandonar
la madeja de alambre, el budín enrollado,
cuando
ya no hay indicios de que son un placer,
para
rayar el almacén de al lado con una doble línea de muescas.
Puede
hablar, pero con insolencia no dice nada. ¿Y qué?
Cuando
se es franco, la sola presencia es un cumplido.
Está
claro qüe aprecia la virtud de la naturalidad,
que
es uno de aquéllos que no considera el hecho publicado como una rendición.
En
cuanto a su invariable disposición a la afrenta,
un
animal con zarpas desea tener que usarlas;
esa
extensión tipo anguila del tronco en una cola no es un accidente.
Para
saltar, para estirarse, dividir el aire —para saquear y perseguir.
Para
decirle a la gallina: vuela sobre la cerca, toma en tu perturbación
la
dirección equivocada —eso es la vida;
hacer
menos sería deshonestidad.
Marianne Moore (1887, Kirkwood, Missouri / 1972, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Mirta Rosenberg, María Negroni y Sophie Black
Otros poemas de Marianne Moore, aquí
Imagen: www.pixgood.com
PETER: Strong and slippery,/built for the midnight
grass-party/ confronted by four cats, he sleeps his time away—! the detached
first claw en the foreleg corresponding/ to the thumb, retracted to its tip;
thre small tuft of fronds/ or katydid-legs above each eye numbering ah units/
in each group; the shadbones regularly set about the mouth/ to droop or ríse in
unison like porcupine-quillis./ He lets himself be flattened out by gravity/ as
seaweed is tamed and weakened by the sun,! compelled when extended, to he
stationary./ Sleep is the result of his delusion that on must/ do as well as
one can for oneself/ sleep— epitome is what is to him the end of life./
Demonstrate on him how the lady placed a forked stick/ on the innocuous
neck-sides of the dangerous southern snake./ One need not try to stir him up;
his prune-shaped head/ and alligator-eyes are not party te the joke./ Lifted
and handled, he may be dangled hike an eel/ or set up en the forearm hike a
mouse his eyes bisected by pupils of a phi’s width,/ are flickeringly
exhibited, then covered up./ May be? 1 should have said might have been/ when
he has been got the better of in a dream—/ as in a fight with nature or with
cats, we all know it/Profound sleep is not with him a fixed illusion/ Springing
about with froglike accuracy with jerky cries/ when taken in hand, he is
himself again to sit caged by the rungs of a domestic chair/would be
unprofitable— human. What is the good of hypocrisy?/It is permissible te choose
one’s employment,/to abandon the nail, or roly-poly,/when it shows signs of
being no longer a pleasure,/ to score the nearby magazine with a double lime of
strokes./ He can talk but insolently says nothing. What of it?/ When one is
frank, one´s very presence is a cornpliment/ It is clear that he can see the
virtue of naturalness,/ that he does not regard the published fact as a
surrender./ As for the disposition invariably to affront,/ an animal with claws
should have an opportunity to use them.! The eel-like extension of trunk into
tailis not an accident./ To leap, to lengthen out, divide the am, to purloin,
to pursue/ Te tell the hen: fly over the fence, go in the wrong way/in your
perturbation— this is life;/ to do less would be nothing but dishonesty.