Microensayos, por Marcelo Leites



Se olvida que en los haikus no se trata tanto de respetar la forma métrica, sino de llegar al satori, como tan bien demostraron los poetas clásicos japoneses. Ese estado de gracia, esa iluminación interior propia de Basho, de Issa o de Buson, por nombrar sólo a los tres primeros maestros, de la que los occidentales estamos tan lejos. La discusión poesía métrica/ verso libre, puede ser vieja, sin embargo los antagonistas siguen existiendo. En realidad, creo que la cosa empieza con el “Golpe de dados”, donde Mallarmé utiliza el verso libre en contra, diigamos, de todo lo que había escrito antes y con “Hojas de hierba”, de Whitman, claro. Creo que el verso libre sigue siendo una forma que permite una expansión de la conciencia y una mejor expresión de nuestro tiempo, donde no hay verdades absolutas y todo permanece abierto en una misteriosa incertidumbre.


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Nos movemos entre lo sublime y lo abyecto, pero también en las fronteras, donde pareciera no haber lugar para las definiciones. Somos lo mejor y lo peor de la especie, pero quizá no haya nadie bueno o malo, en términos absolutos; en cierto modo todos somos criminales y víctimas, analfabetos y cultos, animales-y-racionales, apasionados e indiferentes, vitales e intelectuales, convencionales y transgresores, realistas y soñadores, certeros y equivocados, esclavos y libres. Somos imperfectos, incompletos, frágiles. Nuestros mayores logros son nuestros mejores fracasos. Pero lo seguimos intentando, siempre. Lo intentamos riéndonos de todo, incluso de nosotros mismos. Lo intentamos porque lo que nos hace grandes es que no podamos llegar. El péndulo oscila lentamente entre el cielo y el infierno, pero se detiene en el medio. De eso se trata el ser humano, después de todo, ¿no?



Imagen: www.taringa.net


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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.