Salvatore Quasimodo


La tierra incomparable






Hace mucho que te debo palabras de amor:
o acaso son aquellas que cada día
huyen rápidas apenas golpeadas
y la memoria las teme, porque muda
los signos inevitables en diálogo
ruinoso enemigo del alma. Tal vez
el ruido de la mente no deja oir
mis palabras de amor o el miedo
del arbitrario eco que hace incierta
la imagen más débil de un sonido
afectuoso: o tocan la invisible
ironía, su naturaleza de segur
o mi vida ya cercada, amor.
O tal vez sea el color que las deslumbra
si chocan con la luz
del tiempo que te llegará cuando el mío
no pueda más llamar amor oscuro
amor ya llorando
la belleza, la ruptura impetuosa
con la tierra incomparable, amor.





Otros poemas de Salvatore Quasimodo, aquí
De: "Todos los poemas", Ediciones Librería Fasuto, 1976
Traducción: Leopoldo Di Leo

La tierra impareggiabile

Da tempo ti devo parole d'amore / o sono forse quelle che ogni giorno / sfuggono rapide appena percosse / e la memoria le teme, che muta / i segni invevitabili in dialogo / nemico a picco con l'anima. Forse / il tonfo della mente non fa udire / le mie parole d'amore o la paura / dell'eco arbitraria ce sfoca / l'inmmagine piú debole d'un suono / affettuoso: o toccano l'invisibile / ironia, la sua natura si scure / o la mia vita già accerciata, amore / O forse è il colore che le abbaglia / se urrano con la luce / del tempo che verrà a te quando il mio / non potrà piú chiamare amore oscuro / amore già piangendo / la bellezza, la rottura impetuosa / con la terra impareggiabile, amore.



Imagen: alchetron.com


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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.