Ilya Kaminsky




El tango de mi madre





Veo sus ventanas abiertas en la lluvia, ropa lavada en las  
                             ventanas—
ella monta un poni en mi cumpleaños,
un poni blanco en el séptimo piso.

“¿Y dónde lo dejamos?” “¡En el balcón!”
el poni relincha en el balcón por siete semanas.
En el centro de mi vida: mi madre baila,

sí, aquí, como en la infancia, mi madre
me pide que describa las etapas de mi felicidad—
ella habla de sopas, que son su tema:

entre los regimientos de platillos y de paños,
se mueve tan rápido—se queda estática,
abriendo y cerrando puertas.

Pero, ¿qué era la felicidad? ¡Un poni en el balcón!
El pasado de mi madre, una capa que usaba en los hombros.
Yo dibujo un eje a través de la tarde

para verla, a sus sesenta, cortejando una lengua extranjera—joven, no tan joven—mi madre
galopa sobre un poni en el séptimo piso.

Se convierte en una extraña y actúa como ella misma,
abre lo que está cerrado, cierra lo que está abierto.





Ilya Kaminsky (1977, Odesa, Ucrania)
Traducción: G. A. Chaves
Fuente: http://poesiamedellin.tumblr.com/
Imagen: www.spierpoetryfestival.co.za


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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.