Rubén Reches



Entra al café...                                              

                 
                                                                A Eduardo Alvarez Tuñón



           Entra al café iluminado y grande como el salón de fiestas de un barco. Encuentra a sus amigos alrededor de una mesa demasiado estrecha, apiñados en desorden tal como los fue reuniendo el azar de una noche de domingo. Apenas terminan los saludos, se apodera de la palabra. Habla fuerte, refuta con facilidad y lanza datos, argumentos y noticias de última hora con una vivacidad y una memoria asombrosas. Poco a poco el resto se limita a escucharlo, a reir en voz alta de sus bromas más mordaces.
        De pronto, el recién llegado se descubre una mancha blanca de polvo en una rodillera del pantalón. No se la limpia, pero no quiere que nadie se la vea y la esconde hundiendo la pierna debajo de la mesa.
          Esta mañana estuvo en el cementerio. Se sentó en una tumba, arañó la tierra, se le mojaron de lágrimas las manos y se pegó puñetazos en los muslos. Después, peinándose, empezó a caminar despacio hacia la parada del colectivo.
       Ahora, sentado en un local del centro de una ciudad inmensa que dispersó sus cementerios por las lejanas periferias, piensa que nadie, en ese café de los vivos, imaginaría que con él entró allí un poco de tumba.
         Cegado por el orgullo que al adolescente da el dolor, cree que haber traído una siembra de muerte adonde los elegantes clamorean o se acurrucan le da algo ya de la ciencia de los ancianos y los moribundos. ¡Y ni siquiera advirtió aún cuántas de las suelas que pisan cada día el centro de la ciudad luminosa tienen pegado pedregullo de cementerio!





Rubén Reches (1949, Buenos Aires, Argentina)

Imagen: Foto de Daniel Arias en Facebook de RR


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