7/3/15

Guadalupe Grande



Meditaciones en la antesala





Liverpool no existe.

Eso sabe la mujer que se sienta tras los cristales del aeropuerto a ver pasar el río Mersey,

un río que se parece a la misericordia pero por el que no subirán los salmones: no llegarán al arroyo, no atravesarán el túnel del oso, no desovarán sobre la obcecada obediencia de las brújulas.

Porque Liverpool no existe, en el río Mersey flota la cáscara de nuez en la que navega su diente de leche.

Flota la matrusca, embarazada de sí misma, fiota una y otra vez, hasta su última muñeca, mínimo relato de la infancia, infinito relato de la sublimación.

Flota el ala del albatros y sobrevuela la gaviota y la cera de Ícaro es ahora herruinbre en el limo.

En la otra orilla del río Mersey flota el souvenir africano, esplendor de la piedra que hoy es ruina, piel desnuda en tránsito que aquí se convierte en luminoso vértigo del ropaje.

Quién tuvo misericordia de los tobillos, quién de las pupilas de los ñus en las que habitaban las gacelas, quién de los ríos que desbordan su cauce, y quíén se puso el abrigo y atravesó la ciudad que no existe.

Al otro lado del canal, en el río Mersey, flota el escarabajo de la vida entre los dientes del gato de Chesire, una hoja sobre su sombra, una cerilla en el hueco de la llama, una pluma en el cascarón, su vida, un papel sin botella.

Y quién le puso un plato de leche al gato y supo ver el árbol en la sombra de la hoja y no prenderie fuego, y quién recogerá la tinta con la pluma del mirla que alguna vez atravesó un jardín, quién para escribir dónde, quién para escribir qué.

Poco importa ya que Liverpool no exista. Eso mira hoy en el río Mersey.
Al fin, todo lo que no existe es un mapa de la otra orilla.





Pañuelos de papel





Una luz encendida en cada casa,
aquí,
en el borde sin límite de la penumbra.
Con estos dos ojos solos
y esta lengua absurda,
esta boca rota,
este hueco lleno de ceniza en la garganta
escucho el paso de un trenperdido
no sé porqué, no sé por quién.
¿ ...y quién te mira entonces, quién?
“Adiós y ten piedad”.
Pero esta es la luz de los días,
esta es la sombra azul de la memoria
que ilumina a la hora punta
las conjugaciones de la lluvia sobra los mapas,
sobre los pianos,
sobre la cartografía subterránea
y su extraña germinacíon.
Andenes, calles, vías,
acera, bulevares, puentes,
plazas, cruces, avenidas:
¿ estamos
de verdad
dentro?,
“¿ estamos
de verdad
fuera?”.
A la hora punta de no saber,
un pañuelo de papel seca
la hebra de distancia
que resbala por las mejillas:
suenan los platos,
se afanan los utensilios en las cocinas,
se escucha la conversación del día,
el rumor de la luz que se apaga,
el ruido de la luz que se enciende,
y todo se dispone a partir o llegar
una vez más.





Guadalupe Grande (1965, Madrid, España)
Imagen: www.poemad.com

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