13 marzo 2015

Mario Nosotti



Es un impacto oscuro
casi ruina del holgado mantel.
Lo vegetal afuera en algún lado.
El cuarto que se inunda con el polvo
solar. La mañana es lugar que busca
y me dice sentáte, escribí.
Una chapa ventana mitad óxido
y mitad puntos negros de soldadura
el marco con bisagras para ver
caracteres mecánicos de un libro:
bastardos del pensar que somos
los hijos no buscados de algún modo
son lo que más deseamos.
Pero yo no quería perderme
más allá de la dura
persistencia del acto
leer por levantar una mirada
y ver esos contornos de sombra sacudirse
o vibrar.
De pronto siento que algo me acompaña
la soltura del agua en los reflejos
por el piso engomado. Se oyen rumores
lejos. Casi todos trabajan
hasta los otros pájaros que cantan
recordando que apenas soy un punto
de la línea que sigue.






XIII





Veo esa foto de Picasso del ‘44
de pie en su habitación revuelta,
con el torso desnudo como un viejo
boxeador retirado,
se ajusta el pantalón
y mira hacia el fotógrafo como
increpando ¿qué querés?.
Se ve al fondo un baúl
atiborrado de libros y pinceles
también hay ropa, papeles, nada
que en su actitud denote un más allá
algún aura de artista.
No se nota muy bien si está descalzo
o si tiene pantuflas, y mirando mejor
parece que sonríe, descreyendo.
Podría ser Picasso
si no fuese mi abuelo.




Mario Nosotti (1966, San Fernando, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://laseleccionesafectivas.blogspot.com.ar/2006/09/mario-nosotti.html
Imagen: www.viajeraeditorial.blogspot.com

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