29 abril 2015

Gwendolyn MacEwen




La luz del sol en la esquina de Sherbourne y Bloor





Ya muy tarde mi bicicleta me lleva a través de la ciudad.
Me pregunto como nosotros
amoldamos nuestras vidas, estos desórdenes brillantes,
estos finos errores inspirados cuando – Mira –

El futuro está totalmente implícito en el presente,
el presente es el resultado lógico

De todos los puntos en el pasado y ese edificio al cruzar la calle

su construcción que viene desde Siempre.
Todo lo que hacemos hoy contiene las semillas de su propia transformación.
El puente yace sobre la quebrada honda.

Algo me dice: Nunca harás nada más vital, más
profundo, más perfecto o más necesario que

lo que estás haciendo en estos momentos.

Hoy ha sido Viernes, ese era su nombre – Viernes – y
la luz del sol en Sherbourne y Bloor complementa la ciudad.





El Parque: veinte años más tarde





No es el mismo parque, pero podría serlo.
Es Christie Pits al fin del verano,
la tristeza colosal del fin del verano.
Otra arena, otro coliseo,
atletas diferentes con su esbeltez poderosa,
diferentes corredores con su fuerza esbelta.
sentada en la grama reverdecida y lujosa comtemplo
estos espléndidos jugadores al fin de su juego.




Gwendolyn MacEwen (1941 / 1987, Toronto, Canadá)

Imagen: www.thecanadianenciclopedy.ca


Sunlight at Sherbourne and Bloor

Late afternoon my bike takes me across the city. I wonder how we
fashion our lives, these brilliant disorders, these fine, inspired errors when

– look – the future is utterly implicit in the present, the present is the logical outcome

Of all points in the past, and that building going up across the
street has been going up forever. Everything we do now contains the
seeds of its own unfolding.  The bridge eases over the deep ravine.

Something tells me:
You will never do anything more vital, more profound, more perfect or more
Necessary than what you are doing right now.
Today has been Friday, that was its name – Friday – and  the

Sunlight at Sherbourne and Bloor completes the city.




The Park: twenty years later


It’s not the same park, but it may as well be.
It’s Christie Pits at the end of summer,
The colossal sadness of the end of summer.
Another arena, another colosseum,
Different athletes and their mighty slenderness,
Different runners with their slender might.
I sit on the extravagant overgreen grass and watch
These splendid players at the end of their game.




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