James Wright


A winter daybreak above Vence





The night's drifts
Pile up below me and behind my back,
Slide down the hill, rise again, and build
Eerie little dunes on the roof of the house.
In the valley below me,
Miles between me and the town of St.-Jeannet,
The road lamps glow.
They are so cold, they might as well be dark.
Trucks and cars
Cough and drone down there between the golden
Coffins of greenhouses, the startled squawk
Of a rooster claws heavily across
A grove, and drowns.
The gumming snarl of some grouchy dog sounds,
And a man bitterly shifts his broken gears.
True night still hangs on,
Mist cluttered with a racket of its own.

Now on the mountainside,
A little way downhill among turning rucks,
A square takes form in the side of a dim wall.
I hear a bucket rattle or something, tinny,
No other stirring behind the dim face
Of the goatherd's house. I imagine
His goats are still sleeping, dreaming
Of the fresh roses
Beyond the walls of the greenhouse below them.
And of lettuce leaves opening in Tunisia.

I turn, and somehow
Impossibly hovering in the air over everything,
The Mediterranean, nearer to the moon
Than this mountain is, Shines. A voice clearly
Tells me to snap out of it. Galway
Mutters out of the house and up the stone stairs
To start the motor. The moon and the stars
Suddenly flicker out, and the whole mountain
Appears, pale as a shell.

Look, the sea has not fallen and broken
Our heads. How can I feel so warm
Here in the dead center of January? I can
Scarcely believe it, and yet I have to, this is
The only life I have. I get up from the stone.
My body mumbles something unseemly
And follows me. Now we are all sitting here strangely
On top of sunlight. 







Otros poemas de James Wright, aquí

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NOTAS

// ALICIA SILVA REY: Una presentación solemne / Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida. // VALERIA CERVERO: En septiembre de 2016 salió "Sin órbitas", en la bella edición de El ojo del mármol, y el mes pasado presenté "madrecitas", gracias a la cuidada edición de Barnacle. Podría ser la última tarde aquí o tal vez el tiempo se detenga sin pedir permiso. El cielo es allá afuera, casi árido, y esta casa se esfuerza en su tarea de abrigar, de sostener lo suyo. Las risas de los hijos quiebran el volumen que permite entender las voces; la mirada llega sola a cada personaje y la historia es la misma y otra a la vez. In the mood for love: insiste la palabra a través de la muerte. La música multiplica el instante y casi invita a olvidar cada tono. Pero el secreto es un hoyo pequeño en un muro que brota. (De Sin órbitas)