06 mayo 2015

Joaquín O. Giannuzzi




La disolución 
 
 




En el centro exacto de la mesa 
una fuente de manzanas y en torno 
tres sillas desiertas. El conjunto 
donde hubo una intención de belleza 
atiende ahora a su propia degradación. 
Nada eterno me rodea. Mi nervio principal 
palpa las primeras señales de un desorden 
incubándose en algún sitio de mi cabeza 
donde se organizaba un final suntuoso 
de acordes musicales alcanzando el cielo. 
Pero mi carne perpleja 
entre objetos condenados y paredes que oscurecen 
gira buscando el fraude 
de una suave anestesia. Juro 
que nunca había apostado a la humillación 
de este dolor de huesos en un cuarto cerrado. 





Otros poemas de Joaquín Giannuzzi, aquí
De: Violín obligado, Libros de Tierra Firme, 1984

Imagen: revistaenie.clarin.com

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