Rodolfo Godino



El mirador o una hora con Google Earth 


[a Pedro, idóneo] 



Atenta a la discusión con el sur 
la línea de casuarinas sigue entera 
moviendo en el cielo 
su apartado sonido; 
faltan las acacias 
blancas y el gran ciruelo; 
la avenida de siempreverdes toca 
con su sombra la torre del agua 
y en el borde del este 
los álamos invasores entraron 
al monte viejo. 
Hay dos zonas 
de arándanos, quizás un plan ilusorio 
de otro enojado con la muerte 
que quiere perdurar en los pequeños 
frutos azulados. 
La casa, pura artesanía 
flotando en la helada distancia, 
no cuenta su historia, sólo dura 
como un propósito quebrado, 
ajena a este ojo aéreo 
y a su poder incomprensible. 





Adopción del gato errante 


[para Kika] 





Llegó, quién sabe desde qué reino. 
Parecía comprender en tu voz 
de madre reciclada 
el tono claro 
del corazón dueño de esta casa 
y adivinar el eje mágico 
que la sostiene y asegura: 
lo dado 
retorna acrecido. 
Lo aceptamos, 
le hicimos lugar. Era blanco; 
la cabeza y la cola, negras. 





Rodolfo Godino (1936, San Francisco, Provincia de Córdoba / 2015, Buenos Aires)
De: "Vista atrás (2010/2015)", Editorial Brujas, 2015

Enlaces:

Fuente: Facebook Pablo Anadón
Imagen: www.lavoz.com.ar

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.