August Kleinzahler



Al este de la biblioteca, a través de los Odd Fellows Building





Ese olor a mierda que encuentras
en la escalera mecánica exterior del Centro Cívico, justo antes de
girar hacia McAllister,
parece habitar allí, incorpóreo,
en un anaquel encima de la acera.

La vieja loca con la piel de lagarto
plegada
sobre su carrito de la compra
y arrastrando una nube de palomas
no está a la vista.

Un montón de trapos aquí y allá
pero nada debajo.
Un santuario invisible
¿para conmemorar qué?
Colchones viejos y carne polvorienta

orina y vomito sobre los abrigos, ¿qué?
Tal vez la muerte,
ahora hay un olor que desea perdurar.
Tú solías encontrarlo en el céntrico Sally Anns
y una vez

en la cafetería de un hospital, casi imperceptible,
después de una porción de pastel de manteca.
Pero vive aquí,
codo con codo con McDonalds,
resistiendo aún después de una noche de viento

con su pequeño saludo siniestro
para los borrachos y policías,
trabajadores sociales y putas,
o la anciana pareja de Zurich
que hojea despreocupadamente su guía turística.





August Kleinzhaler (1949, Jersey City, New Jersey, Estados Unidos de Norteamérica)

Fuente: Blog de Carlos Alcorta
Versión: Carlos Alcorta



Enlaces:
http://www.poets.org/poetsorg/poet/august-kleinzahler
http://circulodepoesia.com/tag/august-kleinzahler/
http://indolenciasdejavier.blogspot.com.ar/2010/04/kleinzahler-y-benn-septiembres.html

Imagen: www.nytimes.com

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.