21 julio 2015

Kevin Higgins



Recordando los noventa


           Siguiendo a Donald Davie


Nuestro cabello se acortaba y la tele
siempre estaba encendida. Esperábamos
el segundo álbum de los Stone Roses, o veíamos
La familia Salinger. En Washington,
había comités para refunfuñar
por lo que había sucedido en los pantalones del presidente.
Irlanda del Norte hizo una pausa por
aquello que eventualmente llegaría a
ser una idea completa. Ruanda
era un machete con nombres inscritos
que no se parecían a los nuestros.
Protestábamos en contra de las pruebas nucleares
francesas al probar y descubrir la nueva inocencia
del vino blanco sudafricano.
Osama Bin Laden era un rumor
que nadie creía y Saddam Hussein
un brote esporádico de ácido estomacal
en el esófago. Podíamos abordar los aviones
sin que nadie nos tuviera que ver desnudos
a través de una máquina, y dijimos No a la apatía
que escuchábamos al no molestarnos en votar.
Mientras planeábamos viajes a lugares
que aún no podíamos pronunciar, los políticos discutían
sobre los rumanos que mendigaban en la calle Shop.
La Historia estaba en el baño,
preparando su nuevo rostro.




Kevin Higgins (1967, Londres, Inglaterra)

Imagen: ie.linkedin.com



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