Raúl Gómez Jattin




Isabel






Qué te vas a acordar Isabel 
de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio 
de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de… 
Cuando tenías los ojos dorados
como pluma de pavo real 
y las faldas manchadas de mango 

Qué va 
tú no te acuerdas 
En cambio yo no lo notaste hoy 
no te han contado 
Sigo tirándole piedrecillas al cielo 
buscando un lugar donde posar sin mucha fatiga el pie 
Haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra 
y mis hijos son de trapo y mis sueños de trapo 

sigo jugando a las muñecas bajo los reflectores del escenario 

Isabel ojos de pavo real 
ahora que tienes cinco hijos con el alcalde 
y te pasea por el pueblo un chofer endomingado 
ahora que usas anteojos 
cuando nos vemos me tiras un “qué hay de tu vida” 
frío e impersonal 
Como si yo tuviera de eso 





Raúl Gómez Jattin (1945 / 1997, Cartagena de Indias, Colombia)

Imagen: periodicolapizlazuli.co,





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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.