01 agosto 2015

Yusef Komunyakaa



Nunca sabemos





Se tambaleó por un momento
entre la hierba alta, como si estuviese bailando
con una mujer. Nuestros cañones
se pusieron al rojo vivo.
Cuando me acerqué, 
un halo azul de moscas volaba sobre él. 
Cogí de sus dedos
la foto deteriorada.
No hay otra manera 
de decirlo: Me enamoré. 
La mañana empezaba a clarear,
menos para un mortero lejano
y para algunos helicópteros que despegaban
                    en alguna parte.
Le metí la cartera en el bolsillo
y le di la vuelta para que no siguiera 
besando el suelo.






Otros poemas de Yusef Komunyakaa, aquí
De: "Dien Cai Dau", Valparaíso Ediciones

Imagen: thedocumentarygroup.com

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