Denise Duhamel



Sexo con un poeta famoso





Tuve sexo la noche pasada con un poeta famoso
y, cuando me giré y me vi a su lado, me estremecí
porque estaba casada con otro,
porque se supone que no debía de haber bebido,
porque estaba en una fantástica habitación de hotel
que no reconocía. Debería haberte dicho
a estas alturas que se trataba de un sueño, pero recientemente
un amigo me dijo: «escribe sobre un sueño
pierde un lector», pero no quería perderte
de inmediato. Quería que escuchases
que a mí ni siquiera me gusta el poeta del sueño, que tiene
cuatro hijos, el más joven de mi edad, y que lo encuentro
poco atractivo y sólo le he conocido una vez,
quiero decir en la vida real, y estábamos en una reunión grande
en la que apenas hablé. Me desagradaron
sus comentarios denigrantes sobre las mujeres.
Incluso llegó a emplear la palabra «japo»
lo que me tomé como un insulto manifiesto a mi marido, que es asiático.

Cuando empezábamos a salir, le dije:
«Estuviste hablando en sueños la noche pasada
y te escuché para asegurarme de que no
mencionabas a otra». Mi futuro marido afirmó
que no podía responsabilizarse de su subconsciente,
aquello me preocupó y me hizo pensar que sus sueños
estaban poblados de zorritas rubias en bikini de conejito.
Pero él afirmó que no, que sobre todo soñaba con peñascos
y el océano y volcanes, una climatología peligrosa
de la que era testigo pero ante la que se encontraba impotente.
Le dije: «Yo sueño sólo contigo»,
lo que resultaba romántico, y cursi, y una mentira.
Pero jamás pensé que soñaría con otro hombre
—mi marido y yo nunca habíamos tenido una riña,
mi cabeza se apoyaba en su hombro, mi brazo
alrededor de su vientre que subía y bajaba
toda la noche con la gentileza del agua en un lago.
Si me cruzase con el poeta famoso por la calle
pasaría junto a mí, célebre con sus gafas de sol
y su blazer de coderas de ante,
sin apenas mirar hacia donde me encuentro.
Entiendo que sientas curiosidad por saber quién es el poeta
por eso te voy a confesar que las pistas
que te he dado son imprecisas, he ocultado su identidad
para que ni siquiera puedas adivinar quién es...
Incluso si lo consigues, no te diría que lo has hecho.
No quisiera poner a un extraño en una situación embarazosa,
alguien que probablemente sea una buena persona a pesar de todo,
alguien que probablemente tenía un mal día cuando le conocí,
alguien que probablemente se esté cansando de su fama
—que mi marido y yo percibimos como enorme;
pero, realmente, ¿cuánta fama puede un poeta americano
tener en comparación con una estrella del rock
o un director de cine con un talento similar al suyo? No mucha
y el poeta famoso es consciente, consciente de que no tendrá
nunca el reconocimiento merecido, consciente de que esa cantidad
de poetas noveles que tiran de su manga no han leído sus libros.
Pero sonríe de todas formas, intenta ofrecer su ayuda.
Me explico ¿este poeta tendrá alguna cualidad redentora, no?
Por ejemplo, sus versos yámbicos son bastante correctos.
Si no, ¿qué estaría haciendo yo entre sus brazos?





Denise Duhamel (1961, Woonsocket, RI, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Fernando López Guisado

Fuente: http://asociacionletrasvivas.blogspot.com.ar/2014/10/sexo-con-un-poeta-famoso.html
Imagen: poets.org


Sex with a Famous Poet


I had sex with a famous poet last night
and when I rolled over and found myself beside him I shuddered
because I was married to someone else,
because I wasn’t supposed to have been drinking,
because I was in fancy hotel room
I didn’t recognize. I would have told you
right off this was a dream, but recently
a friend told me, write about a dream,
lose a reader and I didn’t want to lose you
right away. I wanted you to hear
that I didn’t even like the poet in the dream, that he has
four kids, the youngest one my age, and I find him
rather unattractive, that I only met him once,
that is, in real life, and that was in a large group
in which I barely spoke up. He disgusted me
with his disparaging remarks about women.
He even used the word “Jap”
which I took as a direct insult to my husband who’s Asian.
When we were first dating, I told him
“You were talking in your sleep last night
and I listened, just to make sure you didn’t
call out anyone else’s name.” My future-husband said
that he couldn’t be held responsible for his subconscious,
which worried me, which made me think his dreams
were full of blond vixens in rabbit-fur bikinis.
but he said no, he dreamt mostly about boulders
and the ocean and volcanoes, dangerous weather
he witnessed but could do nothing to stop.
And I said, “I dream only of you,"
which was romantic and silly and untrue.
But I never thought I’d dream of another man--
my husband and I hadn’t even had a fight,
my head tucked sweetly in his armpit, my arm
around his belly, which lifted up and down
all night, gently like water in a lake.
If I passed that famous poet on the street,
he would walk by, famous in his sunglasses
and blazer with the suede patches at the elbows,
without so much as a glance in my direction.
I know you’re probably curious about who the poet is,
so I should tell you the clues I’ve left aren’t
accurate, that I’ve disguised his identity,
that you shouldn’t guess I bet it’s him...
because you’ll never guess correctly
and even if you do, I won’t tell you that you have.
I wouldn’t want to embarrass a stranger
who is, after all, probably a nice person,
who was probably just having a bad day when I met him,
who is probably growing a little tired of his fame--
which my husband and I perceive as enormous,
but how much fame can an American poet
really have, let’s say, compared to a rock star
or film director of equal talent? Not that much,
and the famous poet knows it, knows that he’s not
truly given his due. Knows that many
of these young poets tugging on his sleeve
are only pretending to have read all his books.
But he smiles anyway, tries to be helpful.
I mean, this poet has to have some redeeming qualities, right?
For instance, he writes a mean iambic.
Otherwise, what was I doing in his arms.

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