Jotaele Andrade




Todavía





la pequeña dentellada que nos da la muerte:

su marca azul contra la carne

no es tan diferente al pie sobre el insecto
al golpe en la frente de la res

cada mano ejecuta su pequeña coreografía
sobre los objetos y el amor

cada ojo se ocupa de una parte del cielo

y asimismo los pies que separados
dan un paso

habitamos
un día
el estruendo:

caballos
multitudes
sábanas golpeadas sobre los tendederos
motores

zumbidos
ladridos
pianos que envuelven la herida del aire

no habrán días más hermosos que estos

no sucederán otros días más terribles
que esa bala
o ese cuchillo
entrando en la carne

cada invierno es el mismo invierno
que bosteza su frío
y te arrincona
junto a la rumorosa nostalgia del leño encendido

a la imprecisa tibieza de otros años
donde se confunden los pechos amados
y las débiles voces
de la infancia:

no habrán otros días más hermosos

no te apures vida

no acudirá otro cielo a tu encuentro

otro perro llevando la injuria de la muerte hasta tu mano

no bebas de un golpe esas aguas

hay un mar que te excede
una sal que frota tu herida de nacer
para gastarte en el dolor de tu existencia

yo te digo: no te apures vida

no hubieron todavía días tan hermosos




Otros poemas de Jotaele Andrade, aquí





3 comentarios

  1. Bonito poema, aunque usa el verbo haber en forma impersonal haciéndolo coincidir, asi en

    -no habrán días

    -no hubieron todavía días

    Tal vez sea un modismo coloquial del autor, o una licencia poética.

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  2. Es cierto. Debería ser "no habrá días, "no hubo todavía días". En la forma impersonal el verbo haber no concuerda, va siempre en tercera persona del singular.

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.