Silvina López Medin


Lo nuevo suele entenderse sin tradición, como si la poesía de la civilización no fuera posible. Pero no es sólo eso: hay una presencia dominante del contexto cuando se piensa en lo nuevo. Lo nuevo, no sólo en literatura y poesía específicamente, sino en toda la cultura: mímesis de esa cultura y distorsión, o burla, o elogio o elegía rota (...) Me pareció atrayente hablar de la poesía de Silvina López Medin porque esta poesía está en el centro de esas cuestiones. Lejos de lo que suponíamos, en cualquier idioma la idea de crepúsculo de la civilización es algo muy distinto a un crepúsculo. No hay allí luces de fragua. Hay pérdida de contacto, desnaturalización. (Del prólogo de Jorge Aulicino)

La conversación





Había memorizado
las formas de encajar
el cuerpo en las palabras
cómo hacer un relámpago
de una misma risa
incrustar cada tanto
el nombre propio
en busca del punto firme
de la piedra
donde comienza el salto a la otra orilla.
Había hecho todo
pero todo
fuera de ritmo
como quien ve un cartel que señala
una montaña y piedras
piedras que caen,
no sabía detener ese derrumbe.





Notas para un fado





intervalo: un hombre viejo, viejo
aferrado a un papel
repasa su letra
la punta del zapato
se acerca y se aleja del piso
marca el ritmo, ya no marca
insinúa, en parte ha perdido
el control del cuerpo, lo que queda
entre le piso y su pie
¿es ese el espacio entre las cosas
que Cage pedía no olvidar?
el hombre viejo avanza
lento en su estar
un poco desprendido del entorno
se aferra al micrófono, sonríe
hasta que encuentra
el compás del canto
a veces se la va una frase o la voz,
nosotros con pies firmes sobre el suelo firme de la taberna
en cada silencio le soplamos la letra,
todavía creemos en la necesidad de completar.





14.





Golpe seco
del viento empujando esa puerta
contra un marco torcido.

O ese otro golpe
que también deja marca
empapa
oscurece lo que toca.

Adiós
dice una parte,
la otra tacha
lo definitivo
¿Adiós?





21.





¿Lo que escribís te pasó?

No poder decir
el lago de otra forma.

¿Lo que escribís te pasó?

Deformar el lago
volverlo laguna
cosa olvidada
vacío.

¿Lo que escribís te pasó?

Nadar es empujar el agua, así
se empujan las palabras
a otro ritmo, lo que queda
es ir hasta el fondo, uno aguanta
la respiración, para decir luego: ahí estuve
de eso se trata
un lago.






Otros poemas de Silvina López Medin, aquí
De: "Esa sal en la lengua para decir manglar", Ediciones del Dock, 2014

Imagen: Facebook Ediciones del Dock

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.