24 octubre 2015

Sergio Kisielewsky



III




Nunca te hablé con palabras.
Me decís que vas a tomar ese avión.

Ahora tu voz es un delantal.
Vuelvo a mirarte y asusta
El mundo se quiebra como un plato de sopa.

Damos vueltas, respirás
y dan ganas de ser el aire.

Es la caída del corazón al rocío.

En el reservado del bar te encuentro
Es un armiño con el ruido del tren
que pasa entre nosotros como un fantasma griego

Tenés un duende en el paladar
te subís a la taza, girás, olés al día,
vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie
y a la terraza que se llega sin escalera.

No volveré a verte.

Comprás frambuesas en El Bucanero
Sólo un trozo de aire en el Abasto
que gira hacia el mundo de los hoteles
que nada alumbran
Sólo tus hombros adorados por la luz.

El tiempo se dispara como loca marquesina
Silbás a rabiar
y no hay quien lo detenga
No es el Parque Chacabuco
No es Alchurrón  tocando la guitarra en las peñas del 79
No es la tarde donde jugaban con Laura
("Le pedí a Dios  que viniera")
Y algo se movió de cuadro.
Creo que la tarde llegará hasta el mar.

Te veo en la calle de la Agronomía
Veranito a las diez de la noche
Tu corazón es un idioma con arco y flecha

Nada se balance más que tu pie descalzo

Sos un deleite intratable
que ejerce su pasión por las brasas
por el calor de la carne haciéndose

Estoy en la calle esperándote
Es un leve motor que tengo
Volvé te digo, la orilla es tu pie, tus manos que acarician de a cuatro.






Otros poemas de Sergio Kisielewsky, aquí
De: "Nunca te hablé con palabras", Babel Editorial, 2015
Imagen: Presentación del libro "Nunca te hablé con palabras". De izquierda a derecha: Juano Villafañe, Isabel Steinberg, Laura Kisielewsky y Sergio Kisielewsky


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