Daniela Camozzi



Turquesa, oro, salmón 




El viaje a Mones Cazón 
por la ruta cinco 
era tan aburrido 
todo igual de plano 
y de vacío hasta llegar 
a Pehuajó 
justo doblando 
la curva del acceso. 
Hasta entonces 
solo una estación de YPF 
idéntica a la anterior 
en la entrada de cada pueblo. 
Papá nos hacía jugar 
al veo veo. 
Mamá con la mirada 
fija en la ruta, 
decía no tengo ganas
Pero cada tanto jugaba igual 
y algún color raro 
se le ocurría: turquesa, 
oro, salmón. 
Yo nunca encontraba nada 
entre los grises de la ruta 
y el tapizado sin gracia del auto. 
Nos entreteníamos así, 
buscando 
lo que no estaba 
en ningún lado.






Filtrar la luz 


                                Era la rama con la luz. 
                                                       Arnaldo Calveyra 



Otra vez un viento 
entre las hojas de la parra. 
Pero ya nada se derrama ni se cae. 
Mamá se ríe ahora 
sin preocupaciones 
sentada en el sillón 
de hierro del patio. 
Sonríe con mi hermana a upa 
mientras se acomoda el pañuelo 
que la protege del sol. 
Un sol que pega fuerte 
en el verano de la tarde 
y atraviesa las hojas. 
Es una escena que reaparece 
en las mejores tardes de verano 
cuando estoy al reparo de algún verde 
y las hojas se mueven levemente 
y al moverse dejan 
filtrar la luz.





Daniela Camozzi (1969, Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://deloquenoapareceenlasencuestas2.blogspot.com.ar/2015/09/daniela-camozzi.html
Imagen: Facebook de DC

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.