Dos poetas, variaciones de época



Irene Gruss





Limpieza





Jabón y agua tibia arrastran lo que quedó de la fiesta.
Todavía no es rancio el perfume del vino
y el ahora pastoso manjar barrido de los platos es burbuja
que salta en un mover sagrado;
otra vez la vajilla sin mácula, nada que reste de alegría
esmerada en un durar interior.
Lo que brilla es pasado y preparación para lo que urge, lo
que se aproxima.





Pero lavar





Como lavar después de una fiesta, se va, la alegría se va:
pero el jabón barre grasas, azucares, lo que sobró,
el resto de vino en esa copa,
la ceniza intacta pendiendo de nada, la huella
ahí, donde alguno rió y derramó algo, y volvió a pisar y a reír,
la vajilla sin usar, limpia en una esquina, casi al borde;
corchos, tapitas, marquillas vacías retorcidas
como esa servilleta doblada y vuelta a doblar, nerviosa,
ahora quieta.
Respirar lo que queda del aire de esa fiesta,
humo, el cielo afuera, otro aire afuera. Pero lavar,
la mesa lista.





De: "Entre la pena y la nada", Ediciones del Dock, 2015






Jorge Aulicino





Siberia





Papá podía discutir una noche acerca de trabajar para el Estado.
No tenía moral de los fondos públicos sino la incipiente certeza férrea
de que había que montar una máquina de guerra.
Y no había sol ni escarcha en las palabras
que aprendió en los inviernos fúnebres y los días despejados.
Un solo recuerdo le perturbaba el sueño y no supe cuál era.
Papá se nublaba y volvía en sí a cada rato,
como un oculto cielo en el charco de un patio.
Las palabras no podían, la acción se perdía en consignas
cada vez más lejanas, y cada vez menos mágicas.
Papá ya no decía nada, sólo que todo había ocurrido porque debía.
Papá no hizo transferencias, no dejó papeles, no perdió inocencia.
Fijate en Siberia, en los grandes transatlánticos petroleros
encallados en la taiga, los amigos del KGB hecho mafiosos
piratas aventureros galácticos, mirá el noticiero,
el nuevo perfil del National Geographic, las grandes fotos
los tubos de petróleo en los que rascarán el óxido la marta
y el zorro y el tigre y los fugitivos de una gran tormenta;
pensá en la Patagonia nuestra, en Ushuaia en los presos
en los muertos en los fusilados en los enterrados bajo el viento;
pensá en el frío, medio bosque talaron con las manos nevadas.

Era de la intemperie tu gusto burgués por las cosas ciertas, tu odio al                                         pequeñoburgués
tu carácter santurrón y nietzscheano, tu vorágine, tu prolijidad aprendida,
tu admiración estética por la solidez, tu garbo extraño, irónico, recatado.
No me hablen de cambios. Es la marcha.
Lo que permanece nunca cuadra.





De: "El Cairo", Ediciones del Dock, 2015




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