Louise Dupré






Mira ahí tu casa
la ciudad enroscada por tus huesos
la ciudad pálida
incapaz de acogerte
Caminas como fuera de ti
en blanda soledad
en desconfianza, en abandono
con tu habla paralizada
al borde de las palabras
cuando éstas se enmarañan en tu voz.
Y nada más
nada más
que tus pasos apagados
por la algarabía de gritos y de bocinas
Buscas debajo de qué postigos
podrías detener tus pasos.






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has sido una mujer
sin importancia
una cinta, un anillo
encontrado en la arena
una risa
resonando
entre combate y combate
has cruzado ya mares
negros como tu vientre
sólo para captar
el vértigo de una danza
iniciada a la edad en que se cree
amar
a los hombres que se ama
buscar ahora un lugar
donde no dé tu sombra
motivo alguno a la nostalgia.



Louise Dupré (1949, Sherbrook, Canadá)
De “Diez poetas canadienses”, Libros del Innombrable, 2008.
Traducción del francés: Francisco Torres Monreal. 
Fuente: Facebook Jonio González
Imagen: milenio.com

Lugar y poema: Tarento, Italia




En el verano del tiempo humano, en el último verano,
existían todas las carreteras. La Prenestina
con sus cinturones de ronda alcanzaba el mar
de Tarento viejo y los jardines de Puerta Venecia,
geografía de uniones inesperadas, tiempo que no se pierde,
todas las carreteras, todos los amores sumergidos en uno sólo
y renacidos, todos los pasos delante del portal, las miradas
en el portero automático, todas las voces, los acentos, las sílabas,
tú que salías sonriente con tu gorra de pelo
y caminabas decidida hacia un autobús.





Contare i secondi, i vagoni dell’Eurostar, vederti
scendere dal numero nove, il carrello, il sorriso,
il batticuore, la notizia, la grande notizia.
Questo è avvenuto, nel 1990. È avvenuto, certamente
è avvenuto. E prima ancora, il tuffo nel Ticino,
mentre il pallone scompariva. È avvenuto.
Abbiamo visto l’aperto e il nascosto di un attimo.
Le fate tornavano negli alloggi popolari, l’uragano
riempiva un cielo allucinato. Ogni cosa era lì,
deserta e piena, per noi che attendiamo.



Milo de Angelis




Dane Zajc

Todos los pájaros 




 
Vamos a matar a todos los pájaros.  
A todos, a todos, dijeron los cuervos en la penumbra.
 
Y en el silencio de la noche escuchaba
cómo alguien en el huerto asesinaba a mis pájaros.
Y yo sabía
que en mis mañanas
no habría más canciones,
y sentía
cómo la tristeza atrapaba mi alma.
 
A todos, a todos los pájaros, dijeron.

Y yo sentía cómo aleteaban
sus alas oscuras a mi alrededor
y cómo entre éstas me miraba
el ojo amarillo del cuervo.
¿Qué buscas? ¿urracas?, pregunté.
Bajo la corteza de mi cráneo
no escondo ningún ave.
 
A todos. A todos los pájaros.  
A todos vamos a matar, dijo.
 
Tuve miedo
de que alguna noche
a través de la penumbra en sueños
 
fuera a romperme el cráneo
y buscar con la locura de su pico
si en el nido de mis pensamientos existe
algún ave que canta escondida.
 
A todos. A todos los pájaros, susurraba.
 
Ahora siento en toda la nuca
el ojo amarillo del cuervo.
Mi alma está perforada.
Mi alma es un ave muerta.
 
A todos. A todos vamos a matar.  
A todos los pájaros, graznan los cuervos
bajo la penumbra del cielo.





Dane Zajc (1929, Zgornja Javorsica / 2005, Golnick, Eslovenia)

Fuente: http://circulodepoesia.com/2015/04/poesia-de-eslovenia-dane-zajc/
Imagen: www.delo.si

Sonia Scarabelli


Epígonos





Mirá, lo que mamá quería
para ella
se ha hecho realidad en mí
y yo me aplico
al dibujo, la sombra, y fallo siempre
en el escorzo blando
que las cosas
ofrecen para entrar en perspectiva
a ese espacio cerrado donde el mundo
se ordena y se decanta.

En el fracaso, sin embargo,
me encuentro sonriente
si mi silla
es siempre desfasada silla china
y no la silla aquella que soñaba
mudar a la piecita de Van Gogh.

Sucede que el maestro me consuela
la falta de talento y de muñeca
contándome una historia
donde aún puedo
sentarme entre las cosas
y hasta yo,
ignorada de la gracia,
contemplar el infinito siempre en fuga,
pendiente arriba hacia un horizonte
inalcanzable en el que nada
se mide ni se logra
comprar, vender así nomás.

Yo miro embelesada ese dibujo
donde ahora me muestra un gran señor
japonés plácidamente sentado en el vacío
y anoto para mí que en el oficio
se aprende sobre todo
a decidir
y a entregarse.

¿Será por eso
que la piecita de Van Gogh,
tan mordida de oro en perspectiva,
parece abrir un centro en que se augura
lo que es sin centro, lo que siempre

vuelve a buscarte si es que al ojo
le uncís un infinito
destartalado caballo tuerto
corazón del deseo?





Sonia Scarabelli (1968, Rosario, Santa Fe, Argentina)

Fuente: Revista Atmósfera

Pablo Queralt




el azar es una arquitectura sin color
un knock a la quijada
que arroja su luna con sus casitas lúteas sus cuerpos
sus cielos escarbados oís hervir sus aguas
partir el pan
ahí quedaste colgado
atrapado en su crujido
en su luz pétrea en el arrullo
de los rayos de su mundo
que abren universos
o no llevan a ninguna parte
cierro los ojos leo su escritura
vamos arrimando el bochin
estoy acá en su huella pintado en su pared
colocando el agua para beber
el primer lenguaje del día.










Repito la puntuación que me dicta como en un ópera de Verdi
pero nunca me dí cuenta que marcaban el ritmo de las balas
de una tristeza
que mata otra tristeza en ese suelo donde el esqueleto rompe
su contrato
en el centro mortal de esa muerte arrojando sus sombras sus
manos
sus garras sus dados.









Ya la iridiscencia inminente de la mañana apaga el canto del
noctámbulo
trasduerme es la trampa o la compañera para que transmute
antes
de que las ventanas se abran como hibiscus con su perfil
amenaza
cacareé y ambulo nos coma nuestras alas nuestros romances
vamos a dormir su largo sueño y acurrucarnos en ese mundo
fuera
de ese polvo harinoso dedalo de luz y espejismo donde
el arrullo enzafira y afina la sangre y busca su loco gayo.





De: "Ser y ser visto", Zindo & Gafuri Ediciones, 2015
Otros poemas de Pablo Queralt, aquí

Imagen: Facebook de PQ

Lugar y poema / Sacsaywaman, Perú




Al contrario que yo
tú no has estado en Sacsaywaman preguntándote de dónde,
cómo vino a parar tanta piedra cincelada en paisaje con otra economía.
No has andado por las trochas de Cascol en busca de un haz de luz
para producir una emulsión en mi tumba cuando me quede mudo.
Tampoco te han visto entregada a la garúa en la rada de Cojímar.
Nunca te asomaste al acantilado del callejón sin salida de Sound Beach.
Mas cada vez que retorno a los espacios que para mí he descubierto
percibo que ya estuviste allí silenciosa, prefigurando
el tiempo del absoluto comienzo y de la inútil proposición del reencuentro.
Tampoco di contigo en un casa esquinera en Lacret y Pasaje Oeste
cuando aprendí un paso de son que salva al que ha perdido el ritmo.
Nunca consumí mi espera frente al número 2 de la calle Teodoredo
atisbando el segundo piso alto en busca de la silueta de la revelación.
No rondé por el barrio Centenario buscando que se desprendiera un aerolito.
No estuve contigo en la sala de los claustros en el alto Manhattan
ni en el zoco de Marraquech comprando un poco de rapé
para destaparme la nariz y deshacerme de la alergia al ácaro doméstico.
Nunca compartimos el tour en Leningrado Lisboa Melilla Praga Petra.
En mi puta vida degusté una sopa marinera en Cotocollao.
Jamás viviste allá o aquí: sólo una sombra irrumpiendo mi camino.
Pero algo inmemorial me dice que si Ptolomeo te hubiera conocido
ya hubiera encontrado para ti un preciso lugar en el sistema. 





Fernando Balseca

Stèphane Mallarmé


El cigarro





Toda el alma resumida
cuando lenta la consumo
entre cada rueda de humo
en otra rueda abolida.
El cigarro dice luego
por poco que arda a conciencia:
la ceniza es decadencia
del claro beso de fuego.
Tal el coro de leyendas
hasta tu labio aletea.
Si has de empezar suelta en prendas
lo vil por real que sea.
Lo muy preciso tritura
tu vaga literatura.



Traducción: Alfonso Reyes




Tristeza de verano





El sol, sobre la arena, luchadora dormida,
En tus cabellos de oro caldea un baño lánguido
Y, consumiendo incienso en tu enemigo pómulo,
Entremezcla a los llantos un brebaje amoroso.
Del blanco llamear la calma inamovible
Te hizo, triste, decir, oh mis besos miedosos,
"No seremos los dos nunca una sola momia
Bajo el desierto antiguo y las palmas dichosas."
Pero tu cabellera es como un río tibio
Donde ahogar sin temblores la obsesión de nuestra alma
Y encontrar esa Nada que no conoces tú.
Probaré los afeites llorados por tus párpados,
A ver si saben dar al corazón que heriste
La insensibilidad del cielo y de las piedras.







Traducción: Tomás Segovia

Stèphane Mallarmé (1842, Paris / Vulaines-sur-Seine, Francia)


Fuente: paginadepoesia.com.ar
Imagen: www.7letras.br

José Villa




Curva del mate





Un pedazo de caja 
de pizza pegado al asfalto
con pelos de perro muerto
y manubrio;

una zapatilla colgada de un cable de
alta tensión:
esto que te llevás a la lengua
te pone con el sol de frente
sobre la vía silenciosa
y el tiempo que termina:
luego entre el pedregullo, pasás
la barrera a la casa de un amigo,
su figura se extiende sobre un brazo
de telgopor, hablás
de lo que no queda nada de nada




José Villa (1966, Martín Coronodo, Pcia. de Buenos Aires, Argentina)
De: "Escombros", Club Hem Ediciones, 2015

Lugar y poema / Puente de Brooklyn, New York



Himno 






Y cuando me mostraste el puente de Brooklyn
         por la mañana
                  ¡oh Dios!
Y la gente resbalando sobre el hielo de la calle,
dos veces,
         dos veces,
                  dos personas diferentes
                  cruzan, yendo a trabajar,
                  tan dispuestas y confiadas,
                  abranzando su piadoso
                  Daily News mañanero
                  resbalan en el hielo & caen
                  ambas dentro de 5 minutos
                  y yo lloro, lloro
Eso es cuando me enseñas las lágrimas, ¡Ah
         Dios! por la mañana,
                  ¡Ah, tú!
Y yo apoyándome en el farol sollozando
ojos,
         ojos,
                  nadie sabe que lloro
                  o no se preocupan de nada
                  pero ¡Oh! vi a mi padre
                  y la madre de mi abuela
                  y las largas filas de sillas
                  y lágrimas sentadas y muertas,
                  ¡Ay de mí!, sé Dios que 
                  tenías planes mejores que ése
Así que cualquier plan que tengas para mí
Extrema majestad
Haz que sea corto
         breve
Haz que sea enérgico
         llévame a casa a la Madre Eterna
         hoy
A tu disposición de cualquier modo,
         (y hasta entonces)




Jack Kerouac

Lugar y poema / Avenue des Gobelins, Paris

Google Instant Street View


Domingo





Entre las filas de los árboles de la avenida de Los Gobelinos
una estatua de mármol me conduce de la mano
Hoy es domingo los cines están repletos
Los pájaros desde las ramas contemplan a las criatura hunanas
Y la estatua me besa pero nadie nos ve
salvo un niño ciego que nos señala con el dedo







Jacques Prevert

Alejandro Drewes

 After hours





Nunca olvides a esa pálida
muchacha entre los andenes
de una estación de provincia
un amanecer en bancarrota. 
Pues todo fruto se alza y perece, 
y no es rosa nunca la rosa
por mano. Así el fruto más oscuro 
del tiempo como un astro gravita
en su hora y en torno la hierba 
de penumbra celeste lo envuelve
de a poco. Nunca olvides el viaje,
las palabras, el rodar del último
tren que se aleja: él sabe bien
que nada te llevará mucho más lejos.





A los árboles



Vielleicht es gibt kein Wiedersehen wo Du schon bist



En la lenta ceremonia pienso a veces
de la despedida crepita un instante
sin otro después, un alto muro ciego.

Uno busca su lugar en el mundo, y de pronto 
el ocaso. En eso pienso, como el árbol debe
pensar en su hojas.

Y el viento sopla después, y el silencio.





Alejandro Drewes (1963, Buenos Aires, Argentina)

Imagen: www.carlospenelas.com

Mary Oliver



Zorros en invierno



Cada noche a la luz de la luna los zorros bajan la colina
para roer los huesos de los pájaros. Yo nunca dije
que la naturaleza no fuera cruel. Una vez, en una ciudad tan caliente 
como fríos son estos bosques, conocí a un chico con la cara partida. Para seguir 
viviendo, era mendigo. También, por la noche, ladrón.
Y hay en su país pájaros que parecen arcoíris,
si él pudiera atraparlos, arrancaría 
sus plumas y metería sus cuerpos dentro 
del suyo. Los zorros tienen hambre, ¿quién los culpará
por lo que hacen? Yo nunca dije
que no estaríamos hundidos en la espléndida naturaleza, hasta ser capaces
de volvernos algo diferente. En cuanto al chico, es simple.
Nada tiene, ni siquiera un pájaro. Toda la noche los pinos
están tan fríos que sus ramas se quiebran. Toda la noche la nieve cae
suavemente. Después brilla como un campo 
de flores blancas. Después, aprieta.








Mary Oliver (1935, Maple Heights, Ohio, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Sonia Scarabelli

Imagen: marquette.edu

Griselda García

Formas de nombrar la ausencia






Brillo
ante todo brillo
y en el mediodía
el calmo transcurrir de la luz
los chicos gritan el gol
la manzana se oxida
los pájaros bailan en los charcos
los muchachos almuerzan
temerosos de su libertad.

El mar es desierto
y el sol de hoy
fue ayer lluvia abrasadora.

Lejos, lejos
los que se mantienen
fieles a todo
menos a sí mismos.

Es el después de una tormenta
y se piensa en lo perdido.





De: "Mi pequeño acto privado", Barnacle Libros, 2015
Otros poemas de Griselda García, aquí

Imagen: Facebook de GG