04 enero 2016

Gustavo García Saraví



Primera carta





Como dos islas,
como dos animales de distinta especie,
como una margarita con un sable,
como un trozo de ónix con un álamo,
nunca podremos
reproducirnos,
tener un hijo, una semilla,
algo en común y perdurable, parecido
a lo de todo el mundo: fotografías,
un día semanal para ir al cine,
ciertas costumbres,
modos insustituibles
de hacer (y deshacer) el amor, un espejo.
Existen fuerzas,
circunstancias, océanos, imanes de crueldad
que nos separan
irremediablemente, anclas, cadenas,
emigraciones 
de golondrinas
que nos hacen perversos, diferentes,
mutuos devoradores,
especialistas
en vidrios rotos y poemas,
malas palabras y sollozos.
Y sin embargo, cuánta penuria en comprender
que también somos
dos dársenas vacías, dos pedazos de luna,
dos péndulos rabiosos,
oh, mi amada, blancura inolvidable,
última pertenencia,
mi destructora,
mi adorable destruida, mis cenizas.






Memorándum





Ayer cumplí fielmente con mis obligaciones
sin olvidarme –creo– de ninguna.
Pagué las cuotas del televisor,
la heladera y el banco,
el amoroso banco donde opero, que tiene
música funcional e ikebanas. Le puse
aceite al auto,
le di propina al gran rufián que cuida
(y descuida) mi planta baja "A",
compré un billete
de lotería
(que no me engañará, seguramente), me hice 
varios análisis clínicos (todos bien)
para llegar 
a los 200 años, puse al día mis cartas
y comencé a pensar en la paella
del domingo.
Claro que me olvidé de ir a la misa
que le rezaban a mi madre
(sería conveniente que nadie se enterara)
al cumplirse el primer inolvidable,
inolvidable,
inolvidable,
inolvidable
aniversario de su muerte.





Mi cama





Os podría explicar
cómo es cada uno de mis muebles:
el bargueño, la mesa
los sillones, la cómoda, detalles
de la repisas
la biblioteca, los espejos. Llevan
conmigo muchos años y casi forman parte
de mi propio inventario: la mandíbula
el sacro sacro, el páncreas, las dos manos completas.
Sin embargo, prefiero hablaros de mi cama
mi humilde cama
mi pequeño Mar Muerto, mi rectángulo
habitualmente distendido, escorzo
de la blancura, página
para escribirme en ella, copiarme textualmente.
También podría anotar como
al descuido que estoy solo, solo, más solo
que nunca, solo
en sus inmensidades e imperceptibles pánicos
solo entre sus riberas, sin un pie
un camisón, un muslo, una palabra
una melena
una nuca, una espalda, una respiración
un olor, algo
para aferrarse
a la vida y no morirse.
Sí, algo para
no morirse, de noche, solo
igual que un muerto
que resuelve morirse nuevamente.







Gustavo García Saraví (1920, La Plata, Provincia de Buenos Aires / 1994, Buenos Aires, Argentina)
De: “Obras completas”, Empeño 14, Madrid, 1981. 

Fuente: Fb de Jonio González
Imagen: www.fundacionkonex.com.ar


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...