05 enero 2016

Jorge Aulicino



Posiciones frente a la luz en el barrio de Flores





En esa casa no vive nadie hace rato, las ventanas de la planta baja
fueron tapiadas con ladrillos y las del primer piso tienen los vidrios rotos.
Los pisos son altísimos y mi amigo advierte cómo se ve el cielo desde allí.
Lo dice como si estuviera dentro de la casa y no mirándola desde afuera.
Para mí, allí donde se ve el cielo de Buenos Aires se ve la pampa.
El cielo está lleno de pampa. pero la casa es gótica y no es difícil imaginar
el fantasma del poeta Guido Spano levantándose de la cama
sólo para ir a buscar un vaso de agua -porque allí, dicen,
vivió Guido Spano sin salir de la cama-.
Mi amigo se ha desplazado en esos planos mentales como suele hacer.
No puedo acompañarlo mientras su mirada mira el cielo por encima de los   techos.]
Sólo con ver el cielo desde la calle sé que ha gritado un tero,
que se pierden los ruidos en la pampa tremenda
y que el aire argentino tiene una luz que casi hiere
como el borde de una hoja de papel,
y a la vez es huidiza; nueva o muy vieja parece,
no lo sé, pero no es la luz opaca de tantos otros países, es una luz
que a la final molesta, te ha rasguñado y no te diste cuenta;
tampoco es insoportable y agresiva como en el Caribe donde
Lezama Lima entornaba todo el día los postigos para verla tamizada
y para, en última instancia, disfrutar el fresco del ladrillo o la piedra.
Es otra cosa acá.
Acá, fácil, uno se hace amigo de la oscuridad.







De: "El Cairo", Ediciones del Dock, 2015Otros poemas de Jorge Aulicino, aquí

Imagen: Facebook de JA. Jorge Fonderbrider, Jorge Aulicino y Jonio González


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