27 marzo 2016

Eiléan Ní Chuilleanáin





La epidemia de polio





 Sin prisa en la casa o el jardín,
 los chicos a resguardo del peligro,
 de pronto los padres tenían más tiempo para vigilarlos, para entretenerlos,
 para ocuparse de que tuvieran mucho que leer.
 La ciudad estaba vacía,
 infectada. No más helados.
 Los balnearios cerrados todo el verano.
 Un día mi padre me dejó ir más allá de la puerta
 para pasar un mensaje por una hendidura
 en la pared, prometí que sólo iba andar en bicicleta dos horas,
 sin detenerme sin hablar, vagué por caminos desiertos
 a través de la ciudad y los suburbios, las iglesias nuevas,
 hileras de casas con extraños niños también
 encerrados dentro, hendí millas de aire,
 libre como el ángel de la plaga que desciende
 por donde pasaban los ómnibus: la calle Commons, el pasaje Friars. 






Bessboro





Esto es lo que heredo-
nunca fue mi propia vida,
sino el nombre de una casa que oí
y  que otros  escucharon como advertencia
de lo que le podría ocurrir a una chica
intrépida y con mala suerte:
un fragmento de destino
desolado,  un martillo- nota del miedo-
pero nunca vi el lugar.
Ahora que estoy parada en la reja
y que el tiempo hace tanto se ha ido
es su ausencia la que llueve
que apuñala justo entre las costuras
de mi abrigo grande,  en agujas
puntiagudas, llenando el día corto.

La reja de hierro blanca  está cerrada,
la verja blanca viaja fuera de la vista
hacia  la avenida,  la lluvia
oculta la distancia, desdibujando todo sonido
y un inacabado velo de niebla
esconde elementos de lo conocido:
tejados y altas ventanas ciegas.
La historia se ha ido.




Eiléan Ní Chuilleanáin (1942, Cork, Irlanda)

Versión de Bessboro:  Marina Kohon

Imagen: www.irishpoetry.com             

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