James Wright



Comienzo





La luna deja caer una o dos plumas sobre el  prado. 

El trigo oscuro escucha.
Silencio.
Ahora.
Allí están, la luna es joven, y se prueba
las alas.
Entre los árboles, una mujer esbelta alza la hermosa sombra
de su cara, y ora da pasos por el aire, ora ha
desaparecido por completo, en el aire.
Estoy de pie, solo, junto a un saúco, no me atrevo a respirar
ni a moverme.
Escucho.
El trigo se inclina hacia atrás a su propia oscuridad,
y yo me inclino hacia la mía.




Desde la ventanilla de un autobús en el centro de Ohio, justo antes de una tormenta






Pesebres cargados con forraje se apiñan
ante las nubes del norte.
El viento pasa de puntillas entre los álamos. Las hojas del arce plateado miran de reojo
hacia la tierra.
Un viejo labriego, su cara escarlata
apologética por el whisky, abre de golpe la puerta de un granero
y llama a cien vacas frisonas blanquinegras
que pastan entre tréboles



A la estrella vespertina: en el centro de Minnesota





Bajo la torre de agua que hay al borde la ciudad
un enorme Airdale terrier considera una larga ondulación
en los campos de hierba que hay detrás.
A millas de allí, todo un bosque silenciosamente
sale volando hacia la oscuridad.
Una luz se cierne sobre el cielo,
una lámpara sobre la pradera.

Hermosa alba del cuerpo, tus manos traen conchas marinas.
Al oeste de esta extensa llanura,
animales más salvajes que los nuestros
descienden de los bajos montes en tinieblas.
Ahora pueden verte, saben
que las praderas abiertas son seguras.




De: "No se quebrará la rama", Vaso Roto Ediciones, 2014
Traducción: Antonio Rivero Taravillo
Otros poemas de James Wright, aquí

Imagen: foto de Jill Krementz

Beginning





The moon drops one or two feathers into the field.

The dark wheat listens
Be still.
Now.
There they are, the moon's young, trying
their wings.
Between trees, a slender woman lifts up the lovely shadow
of her face, and now she steps into the air, now she is gone
wholly, into the air.
Y stand alone, by an elder tree, I do no dare breathe
or move.
I listen.
The wheat leans back toward its own darkness,
ando I lean toward mine.



From a bus window in Central Ohio, just before a thunder shower





Cribs loaded with roughage huddle together
before the north clouds.
The wind tiptoes between poplars.
The silver maple leaves squint
toward the ground.
An old farmer, his scarlet face
apologetic with whiskey, swings back a barn door
and calls a hundred black-and-white Holsteins
from the clover field.




To the evening star: central Minnesota




Under the water tower at the edge of town
a huge Airdale ponders a long ripple
in the grass fields beyond.
Miles off, a whole grove silently
flies up into the darkness.
One light comes on the sky,
one lamp on the prairie.

Beautiful daylight of the body, your hands carry seashells.
West of this wide plain,
animals wilder than ours
come down from the green mountains in the darkness.
Now they can see you, they know
the open meadows are safe-












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