02 mayo 2016

Valeria Cervero




De qué manera nombrar la fragilidad
de los estados, los cuerpos,
los roces.
Un simulacro de duración nos atrapa
como la cabina de un ascensor,
aunque nunca llega a volverse casa.
Las imágenes vienen a decir lo que nunca
e insisten
en que no hay ayer
que se deslice
tan fácilmente de nuestro sitio.




Otros poemas de Valeria Cervero, aquí

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