4/6/16

Lisandro González



4.





Desde la ventana
se abre un corazón sentimental
hacia fuera y hacia dentro.

Las paredes del departamento
del que espera —al menos— un grito de los muebles
o canción del desayuno

deberían tener color especial,
o ser de tela liviana que mostrara
ese corazón anfibio

a piedras que de vez en cuando
el cielo arroja.
El corazón respirará como mariposa

dispuesto al vuelo rasante
sobre lugares comunes
ametrallado por las piedras.






9. 





El dolor describe  
su línea aséptica 
mientras el ruido del resonador 

musicaliza. 
Luego, en la calle 
se recorren lugares donde el dolor 

ha tomado antes 
formas mucho más sofisticadas 
y perversas, 

sabido tallar 
la marca del diente 
en órganos más etéreos y sensibles. 

Así el otro dolor, el aséptico 
se transforma 
casi en alivio. 





13.





El analgésico y el alcohol
pueden potenciar sus efectos
como la madrugada

y elenco en retirada de la noche.
Los fracasos del amor
pueden tener efecto similar

y algo parecido suceder
con ladridos,
sirenas y el ruido de los autos,

todos juntos hasta creerse música
de una película sin director
o poema anónimo.

Y un buen verso resplandece
junto a otro
condenado al ruido.





23.





Los fenómenos naturales
y especialmente
variaciones de la luz

en su dialéctica
siguen siendo
temas ineludibles.

Una pequeña ventana del baño
puede ofrecer
múltiples posibilidades

y hasta algún tipo
de felicidad
en la humilde orfebrería

que el poeta
atesora
en el olvido.




Lisandro González (1973, Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina. Reside en Rosario, Santa Fe)
De: "Poemas lumbares", Ediciones UNL, 2014


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