11 junio 2016

Sharon Olds




Hijos grandes




Uno desde una dirección, otro
desde otra, un día vuelven, juntos,
y de pronto mi cuerpo cabe
en el aire que ocupa, y mi cerebro
entra en mi cráneo otra vez, y mi mente
en mi cerebro, y sobre los relieves anticlinales de mi
mente juega la luz. La semana anterior en la playa había visto
un ser que al principio no pude nombrar,
una criatura baja, erguida, con una cabeza
redonda y el cuerpo echado hacia atrás y unas
extremidades cortas que destellaban a los lados y debajo
como las puntas de una estrella, tanto que parecía brillar,
titilar en la arena - era un pequeño
primate, y detrás de él venía otro,
más pequeño y más primitivo,
un guiño deslumbrante, centelleante,
era un bebé. Y ahora nuestra hija
duerme en el sillón, no siete kilos
seiscientos, sino más o menos de mi tamaño,
su cara maravillosa compleja delicada,
tranquila. Y nuestro hijo, anoche, miraba de cerca
a su enamorada mientras susurraban por un instante, qué tierna,
atenta mirada tenía. Los criamos
diariamente, quiero decir cada hora- cada minuto
éramos de ellos, ninguna hora pasaba en la que no estuviéramos
criándolos- llevándolos, soportándolos, alzándolos
en brazos, por placer, y para que pudieran ver,
más allá, lejos de nosotros.




De: "La materia de este mundo", Ediciones Gog & Magog, 2015
Traducción: Inés Garland e Ignacio Di Tullio

Otros poemas de Sharon Olds, aquí

Imagen: barclayagency.com


Grown children




One from one direction, one
from another, one day they come back, together,
and suddenly my body fits
in the air it is standing in, and my brain
fits in my skull again, and my mind
in my brain, and over the anticlines of my
mind light plays. Last week I had seen
a being on the beach I couldn't name at first,
a short, upright creature with a round
head and swaybacked torso and brief
appendages flashing to the sides and below
like the beams of a star, so it appeared to
sparkle,
to twinkle along the sand-it was a tiny
primate, and behind it along came another,
tinier and more primitive,
a dazzling winking, scintillating
along, it was a baby. And now our daughter
is sleep on the couch, not six pounds
thirteen ounces, but about my size,
her great complex, delicate face
relaxed. And our son, last night, looking elosely
at his sweetheart as they whispered for a moment, what a tender
listening look he had. We raised them
daily,  I mean hourly-every minute
we were theirs, no hour went by we were not
raising them-carrying them, bearing them, lifting them
up, for pleasure, and so they could see,
out, away from us.





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