Gabriela Wiener



había hecho demasiadas cosas por ti



Once I wanted to be the greatest
Cat Power



toqué varias puertas
antes de dar con la correcta y ahí estaba él
oculto en la buhardilla que nos habían
conseguido
para pasar la noche juntos

era un viejo amigo de la universidad
yo recordaba haber leído sus poemas
como un murciélago recuerda a otro
el asco que produce en los demás
sus vuelos de mamíferos oscuros

sabía que él estaba triste yo también
miré de reojo la cama donde íbamos a dormir
calculando si cabríamos
colgados de las patas

sin rozar las finas membranas de nuestras tristezas

la chica que amaba
lo había vuelto a abandonar
y por alguna razón
por la misma razón
quería retenerla por última vez
solo decía que era hermosa
y había hecho demasiadas cosas por él

desde la ventana se veía un patio en el que las hojas
temblaban después de la lluvia y de nuestros pasos
él se inclinaba hacia el vacío pensando que
tarde o temprano saldrían de allí las falsas revelaciones

de repente hablaba y sacudía sus lágrimas
antes de que pudiera verlas
esperando que yo dijera algo más o menos sensato

lo escuché
nunca había escuchado tanto a alguien
y cuando pude hablar
le conté una historia y pensó
que era más triste que la suya lloró también por mí
sin honor

cuando se hizo de noche
los amigos y yo lo arrastramos al bar de los africanos
me dijo que le sorprendía que pudiera disfrutar
y entonces le conté otra historia:
hubo un tiempo en que quise ser la mejor
ahora ya no me atrevo
le dije
puedo permanecer muchas horas
mirando cautivada lo que no seré
lo que no tendré solo por pedirlo
lo que no escribiré
puedo cortarme los brazos
y bailar sobre mi sangre

lo llevé a casa y lo tapé hasta el cuello
debíamos dejar la buhardilla muy temprano
y eso hicimos
arrastrando nuestras maletas

no teníamos a dónde ir
ninguno de nuestros amigos contestaba el teléfono
y cuando me di cuenta ya debía tomar un vuelo hacia mi vida
hacia lo que quedaba de mi vida
y ya no parecía tan valiente





Gabriela Wiener (1975, Lima, Perú)
Fuente: Nayagua

Imagen: www.scoopnest.com

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.