29 de agosto de 2016

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Adolfo García Ortega




Los vasos de Morandi






He ahí la astucia de las formas
y el secreto privado de los colores;
he ahí una medida para el mundo,
a veces pura, a veces sórdida,
siempre ligeramente manchada
como una gota de pintura blanca
resbalando por un pincel usado;
sabiduría y zozobra están ahí,
dentro del apacible vidrio
de esos vasos vacíos y en calma. Pero
también están en su interior todos los
días de una vida cualquiera; los 
enormes, los esplendorosos
hechos de una biografía anónima y común.
A mi entender, eso pintó Morandi:
la vida entera, sucia y general.





Adolfo García Ortega (1958, Valladolid, España)
Fuente: Luvina N°79


Imagen: teinteresa.es

23 de agosto de 2016

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Monika Rinck



Charco





.

dice él: el sufrimiento es un charco.
digo yo: sí, el sufrimiento es un charco.
porque el sufrimiento yace en una cuenca
atravesado por peces y huele mal.
dice él: y la culpa es un charco.
digo yo: sí, la culpa también charco.
porque la culpa se derrama en una depresión
y alcanza la axila elongada
de mi brazo que se extiende hacia arriba.
dice él: la mentira es un charco.
digo yo: sí, la mentira del mismo modo charco.
porque en verano por las noches se puede
hacer un picnic en las orillas de la mentira
y allí siempre se queda algo olvidado.






Traducción: Cecilia Pavón



teenage winter again 






en invierno en new haven en un banco del big green,

horas cercadas de iglesias, cómo no nos helamos, sí que nos helamos, este anhelo del sur,
y en cambio qué rotunda claridad la del acuerdo en que eso no es posible. la temperatura, el frío nos afectaba como habría de afectar a un animal — no cabía pensar en ninguna otra cosa.
pero éramos personas, y pensamos: melancolía
y teníamos razón, habíamos vuelto a perder.


cejas





leo que así de grande fue una vez el área conocida por ceja. cuelgo un cartel y espero.

he visto a la ceja volverse campo. su caza furtiva. que no era nada comparado al insomnio batido
en que nuestras pestañas nunca se cerraban
y el ojo de escarabajo miraba y miraba y miraba. sólo que era la piel bajo los ojos, que todo
lo mostraba, preocuparse por sí, por este rostro que aún tenemos, en todas las mañanas por llegar.





Traducción: Ibon Zubiaur


Ganadora del premio Kleist, Monika Rinck es una voz indiscutible de la poesía alemana contemporánea. En septiembre, la poeta participará del Festival Internacional de Poesía de Rosario invitada por el Goethe-Institut. También traductora, antes conversará en Buenos Aires sobre poesía y traducción con Silvana Franzetti y Jorge Fondebrider.

Literatura

21, 23 y 24/09/2016
Biblioteca del Goethe-Institut Buenos Aires (Av. Corrientes 343) y Festival Internacional de Poesía de Rosario
Monika Rinck
“Imagínese que usted entendiera todo de inmediato…”, inquiere Monika Rinck en el tono apelativo que atraviesa su último libro de ensayos en torno a la relevancia de la poesía como género. A falta de resistencia propia o por parte del poema, el lector debería aceptar de antemano la pérdida de toda posibilidad de asombro y sorpresa. Risiko und Idiotie [Riesgo e idiotez] es en efecto un muy poético volumen de “escritos polémicos”, en el que la autora alemana se ve impelida a defender la existencia misma del poema (por más incomprensible que pudiera parecer, o justamente por eso). “Ocuparse de poemas no le va a quitar tiempo”, exhorta Rinck. Todo lo contrario, la lectura del poema más bien devuelve al lector al proceso de pensamiento.

Ganadora en 2015 del premio Heinrich von Kleist (el importante galardón literario en lengua alemana que también ganaron figuras como Bertolt Brecht, Heiner Müller, Ernst Jandl, Alexander Kluge, Ferdinand von Schirach o Katja Lange-Müller), Monika Rinck es hoy una de las voces indiscutibles de la poesía alemana contemporánea. Además de escribir, la poeta traduce del húngaro en dupla con Orsolya Kalàsz, lleva adelante proyectos de cooperación con músicos y compositores y, “de vez en cuando” –dice–, enseña en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Rinck  nació en 1969 en Zweibrücken, estudió literatura comparada, filología alemana y estudios de la religión en Bochum, en Berlín y en la Universidad de Yale New Haven, y hoy vive en la capital alemana. Prolífica escritora, desde 1989 viene publicando en diferentes editoriales, últimamente en kookbooks, la diva entre las editoriales independientes de Alemania. Honigprotokolle [Protocolos de la miel] es su último libro de poesía, que fue publicado por kookbooks en 2012 y recibió el premio Huchel. En 2015, la misma editorial publicó Risiko und Idiotie. Varios de los poemas de Monika Rinck pueden leerse además en distintos idiomas en el sitio Lyrikline. Multipremiada, Rinck es miembro del PEN Club, de la Academia de las Artes de Berlín y de la Academia Alemana de Lengua y Poesía.


En su segunda visita a la Argentina de la mano del Goethe-Institut, Monika Rinck participará del Festival Internacional de Poesía de Rosario, donde presentará poemas traducidos por la poeta y traductora argentina Silvana Franzetti y por Carlos Capella, poeta y diseñador argentino que vive actualmente en Berlín. Antes, Rinck será parte en Buenos Aires de uno de los encuentros abiertos del Club de Traductores Literarios coordinado por Jorge Fondebrider en la biblioteca del Goethe-Institut. Hablarán sobre el poema, y sobre traducción.


Actividades de Monika Rinck en Buenos Aires y en Rosario


►Poetas que traducen poetas

Monika Rinck en diálogo con Silvana Franzetti y Jorge Fondebrider
Miércoles 21 de septiembre de 2016 a las 19 h. El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires en la biblioteca del Goethe-Institut, Av. Corrientes 343. Entrada libre y gratuita.

►Monika Rinck en el Festival Internacional de Poesía de Rosario
Monika Rinck presentará poemas traducidos por Silvana Franzetti y Carlos Capella.
Viernes 23 y sábado 24 de septiembre de 2016. Más información próximamente en el sitio web del festival, http://www.fipr.com.ar/2
016/

Fuente: Goethe Institut

Imagen: rbb-online.de

20 de agosto de 2016

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Señalador



Louise Glück / Revista Crítica


Caballo





¿Qué te da el caballo
que no puedo darte yo?

Te observo cuando crees estar solo,
y cabalgas en el campo, detrás de la cuadra
con tus manos hundidas
en las oscuras crines de la yegua.

Conozco entonces lo que yace detrás de tu silencio:
tu desprecio, tu odio por mí, por nuestro matrimonio.
Y aún así pides mis caricias. Lloras
como lloran las novias, pero te observo
y noto que no hay pajecitos a tu alrededor.
Entonces ¿qué hay en ti?

Nada, pienso. Sólo la prisa
por morir antes que yo.

En un sueño te he visto cabalgar
sobre los campos arrasados. Luego
desmontas; caballo y tú caminan juntos
en la oscuridad, sin sombras.
Y yo sentía las sombras venir hacia mí
—ellas, dueñas de su albedrío por la noche,
pueden ir a cualquier parte.

Mírame. ¿Crees que no lo entiendo?
¿Qué cosa es el caballo
sino un pasaje fuera de esta vida?





El fuego





Si hubieras muerto cuando estábamos juntos
no hubiera querido nada de ti.
Ahora te pienso como si hubieras muerto, es mejor.

A menudo, en las frescas tardes de primavera
cuando, con los primeros brotes,
entra al mundo todo lo que es mortal,
encendía una fogata para los dos,
con ramas de pino y manzano. Una y otra vez
las llamas disminuyen, relumbran
mientras cae la noche y podemos
vernos uno al otro con claridad.

Durante el día nos contentamos,
como antes,
con la hierba alta,
con las verdes puertas de madera y las sombras.

Y tú nunca dices
“déjame”
—a los muertos no les gusta estar solos.




Versiónes: Jorge Esquinca
Otros poemas de Louise Glück, aquí

Imagen: barclayagency.com

15 de agosto de 2016

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Gerardo Gambolini



Nayib Chammás



Según un tatuaje del brazo, en 1881
nació en Líbano, en Amioun,
hijo de Abraham y Futín.
A los 14 años se fue a Pensilvania, Pittsburgh y Filadelfia
y otras ciudades
a vender peines, tabaco, botones y baratijas a los mineros.
Luego discutió con sus hermanos, dejó el dinero
y comenzó la vuelta.
Anduvo por Budapest, en el reino de Hungría,
Praga y Varsovia que eran pobres,
burgos y villas con los primeros humos de la centuria
y aldeas atadas al borde de los caminos, como cruces
pecados
o el mirar de los viejos;
tarde o temprano, hijas todas de la guerra.
Más años pasaron
y en Arabia
se unió con Ada, de quince, en invierno.
Llegaron a Guadalupe y tuvo negocio,
una quinta y ocho hijos
—algunos mejores que otros—
tres varones y cinco mujeres. Una de ellas fue mi madre.
En 1913
Santa Fe volvió a inundarse hasta la quiebra de los comercios.
Se levantó y se hundió más veces, y terminó hundido.
Siempre pasaron los años;
luego comenzaron a morir: Ada, mi abuela; Antonio, mi tío; Magda,
y mi madre.
En Buenos Aires por fin,
todavía fascinado por América,
flaco y recordando a su mujer murió en brazos de mi tía.
Noventa y seis veces llegó a ver el cambio de estaciones,
y si Dios no existe, su paso por la historia o la tierra
habrá sido en poco tiempo una mentira, lo que una gota
como siempre, es en el fondo de un río despiadado,
o ni siquiera, inconmovible.



De: "Faro vacio", Buenos Aires,1983
Otros poemas y enlaces sobre Gerardo Gambolini, aquí

13 de agosto de 2016

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Eugenio Montale: "...sino el silbido del remolcador que de las brumas llega al golfo."

Delta


Delta





La vida que se gasta en los trasiegos
secretos he ligado a ti:
ésa que se debate en sí y parece
casi que no te sabe, presencia sofocada.

Cuando el tiempo se atasca en sus rompeolas
tu acaso al suyo inmenso reconcilias,
y afloras más precisa, memoria, de la oscura
región donde bajabas, como ahora
al escampar se espesa
el verde en los ramajes, el bermejo en los muros.

Todo ignoro de ti, sino el mensaje
mudo que me sustenta en el camino:
si existes, forma, o escrúpulo en el humo
de un sueño te alimenta
y la costa que se afiebra -turba- y contra
la marea crepita.

Nada de ti en el vacilar de horas
grises o desgarradas por un lampo de azufre
sino el silbido del remolcador
que de las brumas llega al golfo.



Otros poemas de Eugenio Montale, aquí
Versión: Armando Uribe

Imagen: carlacerati.com

11 de agosto de 2016

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Fernando Pessoa

Poema en línea recta 





Aún no he conocido a nadie que hayan molido a palos. Todos mis conocidos han sido campeones de todo. 
Y yo, tantas veces despreciable, tantas veces inmundo, tantas veces vil, Yo, tantas veces innegablemente parásito,
Imperdonablemente sucio, 
Yo, que tantas veces no he tenido la paciencia de bañarme, Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo, 
Yo, que he dado públicos traspiés en las alfombras de etiqueta, Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante, 
Que he sufrido ofensas y he callado, 
Y que cuando no he callado todavía he sido más ridículo: 
Yo, que les he parecido risible a las camareras de hotel, Yo, que he advertido guiños entre los mozos de cuerda, 
Yo, que he hecho picardías financieras y he pedido prestado sin pagar, Yo, que a la hora del puñetazo lo he esquivado 
Agachándome hasta más debajo de donde era posible el puñetazo; Yo, que he padecido la angustia de las pequeñas cosas ridículas, Yo compruebo que en todas esas cosas no tengo par en el mundo. 
Todos los hombres que conozco y me dirigen la palabra Jamás han tenido un acto ridículo, jamás han sido ultrajados, 
Jamás han dejado de ser príncipes – todos ellos príncipes – de la vida... 
Ojalá pudiese oír la voz humana de alguien Que confesara no un pecado, sino una infamia, Que contara no una violencia, sino una cobardía. No, todos son el Ideal si les oigo y me hablan. 
Es tan vasto mundo, ¿no habrá quien confiese que ha sido vil alguna vez? ¡Oh príncipes, hermanos míos, 
ya estoy harto de los semidioses! 
¿Es que no hay seres humanos en el mundo? ¿Seré acaso el único ser vil y equivocado de la tierra? 
Podrán no haberles amado las mujeres, Podrán haberles traicionado – pero ridículos, ¡nunca! 
Y yo, que he sido ridículo sin que me hayan traicionado ¿cómo voy a hablar con esos superiores míos sin titubear? Yo, que he sido vil, literalmente vil, 
Vil en el sentido mezquino e infame de la vileza. 






Otros poemas de Fernando Pessoa, aquí

10 de agosto de 2016

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Odysseas Elytis




Lo ulterior de los sábados






Shshsh...nada ya, nada blanco o terso nada ya Embriagador,
melodioso, nada; ninguna nube iluminada
            por detrás


Ni siquiera compañía humana


Algo fúnebre, desfalleciente, luego que el día de la Pasión
Comenzó a inclinarse hacia el costado y a hundirse

              lentamente

Qué alma parte y huele
El aire tan intensamente que no resisto más

Shshsh...nadie sabe en medio de la oscuridad, salvo Allá
arriba entre los guijarros, escucha, ruidos de otros
mundos como de pescadores o

de cuerpos que penetran uno en el otro mientras tiembla todo alma

El cielo

y una estrella encuentra inesperadamente valor para tocar tu frente

parto lleno de errores de besos que permanecieron sobre mí
y qué hermosos los cipreses en lo alto


Qué hermoso también que comiencen a adquirir de nuevo otro fundamento
Los acontecimientos celestes. Los jacintos de los astros, las tristezas, los perfumes

y otras viejas sensaciones que perdiste más allá de la materia del cielo

He aquí que ahora toman forma: la piedra y la tumba y el soldado

Los blancos velos de las mujeres y la larga Procesión de los que murieron injustamente


Tiempos que hace mucho me dejasteis
huérfano y no hallé sostén en ninguna parte

Shshsh...pero nadie, nadie sabe. Ni siquiera el viento
Si es el viento el que enloquece cuando piensas. Te

vuelves confiable por ti mismo
Pues

        tus manos estaban acostumbradas
        a jardines arbolados donde

El mar entra y se retira llenando todo de pequeñas flores
Sopla el viento, sopla y se reduce el mundo. Sopla Sopla y se acrecienta
el otro mundo; la muerte el mar

        glauco e interminable La muerte el sol sin ocaso.




Odysseas Elytis (1911, Heraclión / 1996, Atenas, Grecia)

Imagen: trianarts.com

6 de agosto de 2016

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Roberto Piva




Paranoia en Astracán





Yo vi una linda ciudad cuyo nombre olvidé
donde ángeles sordos recorren las madrugadas tiñendo sus ojos con lágrimas invulnerables
donde niños católicos ofrecen limones a

pequeños paquidermos que salen escondidos de los corrales donde adolescentes maravillosos cierran sus cerebros
a los tejados estériles e incendian internados donde manifiestos nihilistas distribuyendo pensamientos
furiosos acometen la descarga sobre el mundo donde un ángel de fuego ilumina los cementerios
de fiesta y la noche camina en su hálito
donde el sueño de verano me tomó por loco y decapité al Otoño de su última ventana
donde nuestro desprecio hizo nacer una luna inesperada en el horizonte blanco
donde un espacio de manos rojas ilumina aquella fotografía de pez oscureciendo la página
donde mariposas de zinc devoran las góticas hemorroides de las beatas
donde las cartas reclaman drinks de emergencia a lindos tobillos arañados
donde los muertos se fijan en la noche y aúllan por un puñado de penas lánguidas
donde la cabeza es una bola digiriendo los acuarios desordenados de la imaginación





Visión de Sao Paulo de noche





Poema Antropófago bajo Narcótico






En la esquina de la calle São Luiz una procesión de mil personas enciende velas en mi cráneo
hay místicos hablando idioteces al corazón de las viudas y un silencio de estrella partiendo en vagón de lujo fuego azul de gin y tapiz coloreando la noche, amantes
chupándose como raíces
Maldoror en copas de marea alta
en la calle São Luiz mi corazón mastica un pedazo de mi vida
la ciudad con chimeneas creciendo, ángeles limpiabotas con su argot feroz en la alegría plena de las plazas,
muchachas desharrapadas definitivamente fantásticas hay un bosque de cobras verdes en los ojos de
mi amigo
la luna no se apoya en nada yo no me apoyo en nada
soy un puente de granito sobre llantas de garajes subalternos teorías simples escaldan mi mente enloquecida
hay bancos verdes desplegados en el cuerpo de las plazas hay una campana que no repica
hay ángeles de Rilke dando las nalgas en los mingitorios reino-vértigo glorificado
espectros vibrando espasmos
besos resonando en una bóveda de reflejos
grifos tosiendo, locomotoras aullando, adolescentes roncos enloquecidos en la primera infancia
los malhechores juegan yoyo en la puerta del Abismo yo veo a Brama sentado en flor de loto
Cristo robando la alcancía de los milagros
Chet Baker gañendo en la vitrola
yo siento el choque de todos los hilos saliendo por las puertas rotas de mi cerebro
yo veo putos putas patanes torres plomo placas chopes vitrinas hombres mujeres pederastas y niños se cruzan y se abren en mí como luna gas
calle árboles luna medrosos surtidores colisión en el puente ciego durmiendo en la vitrina del horror
me disparo como una tómbola
la cabeza hundiéndoseme en la garganta llueve sobre mí mi vida entera, angustia ardo
me agito
en las tripas, mi amor, yo cargo tu grito como un tesoro enterrado
quisiera derramar sobre ti todo mi epiciclo de ciempiés libertos
asco furia de ventanas ojos bocas abiertas torbellinos de vergüenza, correrías de marihuana en picnics flotantes
avispas paseando en respuesta de mis ansias muchachos abandonados desnudos en las esquinas angélicos vagabundos gritando entre las tiendas y los
templos entre la soledad y la sangre, entre las colisiones, el parto y el Estruendo






Roberto Piva (1937 / 2010, São Paulo, Brasil)

Imagen: alchetron.com

5 de agosto de 2016

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Harry Clifton



Tren nocturno por el Brennero




¿Por qué debería parecernos tan extraño 
estar retrocediendo,
dejar Alemania, mientras las horas cambian,
con toda la historia
en reversa, los pasajeros que duermen
sobre ruedas engrilladas, y todo el mundo a oscuras?
Era pasada la medianoche cuando salimos.
Los cohetes de Año Nuevo se apagaban
en las calles de Munich — el desorden del festejo,
los petardos, el vidrio roto,
y doscientos años de revolución
tardando en irse, como un olor a azufre en la nariz. . . .
El guarda tose en el pasillo, toda la noche.
Puede quedarse con nuestros documentos
si a la mañana nos los devuelve
sellados. Nuestro único deseo
es dormir en la paz del calor corporal
—¡que ninguna antorcha brille entre nosotros!—
mientras otro descifra por los reflejos
las luces que se mueven,
la dirección verdadera del tiempo. . . .
Los Alpes no nos importan —
Innsbrück, Brennero, Bolzano. Un sordo rugido
al pasar por cada túnel —
Las cumbres de Europa
siempre nos parecieron frías. Mejor soñar
con Munich y sus luces navideñas
o los maniquíes de Florencia,
ante uno de los cuales despertaremos seguro
por la mañana, después de una eternidad.
Cerca del alba, el sonido de voces —
Una estación desconocida. ¿Cuánto estuvimos aquí?
¿Una hora? ¿Una noche? ¿Doscientos años?
Palabras en italiano por un megáfono
‘. . . .Bologna, Firenze, binario tre . . .’
A la deriva en la oscuridad. Mil novecientos
ochenta y nueve fue y pasó —
Las alturas están a nuestra espalda.
Los primeros vendedores empujan sus carritos,
humeantes, por la aurora del Día Uno.
Dos vagabundos, un empleado ferroviario,
bajo la luz de un bar de la estación,
beben su trago amargo. Por un instante
la vida es igual para todos nosotros,
con cara de sueño, en el amanecer de la humanidad.





Harry Clifton, (1952, Dublin, Irlanda)
Traducción: Gerardo Gambolini

Imagen: www.iristimes.com

2 de agosto de 2016

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Frank Stanford




Todos los que están muertos 





Cuando un hom­bre ya sabe que otro 
lo anda buscando, 
el hom­bre no se oculta. 
No se espera 
a pasar otra noche 
con su esposa 
o a acostar a sus hijos. 
Se pone una camisa limpia y un traje oscuro, 
y va a la barbería 
para dejar que otro lo rasure. 
Cierra los ojos, 
se recuerda a sí mismo cuando niño, desnudo 
y recostado en una roca junto al agua. 
El hom­bre pide, luego, la loción especial. 
Los viejos se colo­can junto a la silla, en fila, 
y el bar­bero rocía un poco a cada uno 
de ellos en las manos. 





La luz que ven los muertos





Son muchos los que vuelven 
después de que alisó el doc­tor la sábana 
en torno de su cuerpo 
y dejó el cuarto para hacer su llamada. 
Han muerto pero viven. 
Se les conoce como los muer­tos que vivieron a través de sus muertes, 
y en mi familia 
se les tiene por sabios y honestos. 
Flotan fuera de sus cuerpos 
y se pren­den del techo como una palomilla, 
sigu­iendo los afanes de todos los demás en torno suyo. 
Las voces e imá­genes de los vivos 
se van desdibujando. 
Un bramido los traga 
bajo las ruedas de una tiniebla sin dolor. 
En la distancia 
hay alguien 
pare­cido a un guar­davía que agita una linterna. 
La luz aumenta, crece una flor blanca. 
Se vuelve muy intensa, como música. 
Ven los ros­tros de gente a la que amaron, 
los que en ver­dad murieron y hablan dulcemente. 
Ven en un sem­bradío a su padre, sentado. 
Ter­minó la cosecha, y su silla de mim­bre quedó lista. 
Lleva una toalla alrede­dor del cuello 
que huele a tónico de ron. 
Luego ven a la madre 
de pie, a espal­das suyas, con un par de tijeras. 
Sopla el viento. 
Ella le corta el pelo a él. 
Los muer­tos han con­tado his­to­rias como éstas 
a los vivos. 



Imagen: thirdmanrecord.com
Leyenda aún oscura de la poesía esta­dounidense del siglo xx; a menudo com­parado  con Whit­man y Rim­baud, Frank Stan­ford (Rich­ton, Mis­sis­sippi, 1948-Fayetteville, Arkansas, 1978) se sui­cidó poco antes de cumplir los treinta años. Incur­sionó en el cine y la edi­ción inde­pen­di­ente. Pese a su corta vida llegó a pub­licar casi una decena de volúmenes, inclu­ido El campo de batalla donde la Luna dice que te amo [The Bat­tle­field Where the Moon Says I Love You], de 1977, un poema épico de más de quince mil ver­sos sin estro­fas ni pun­tuación. La poesía reunida de Stan­ford, What About This [¿Y qué me dices de esto?], pub­li­cada este año por la pres­ti­giosa edi­to­r­ial Cop­per Canyon, ha lla­mado poderosa­mente la aten­ción de críti­cos y lec­tores en todo el mundo, e incluye cien­tos de pági­nas inédi­tas en verso y prosa. Los poe­mas aquí pre­sen­ta­dos con­sti­tuyen, con toda seguri­dad, las primeras ver­siones al español de la vasta, mag­nética y a menudo escalofri­ante obra de Stan­ford.*


Frank Stanford (1948, Richton / 1978, Fayeteville, Estados Unidos de Norte América)
Nota y traducción: Hernán Bravo Varela 
Fuente: Revista Crítica