30 de octubre de 2016

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Marco Antonio Campos




 Camino a Otavalo



                        A Xavier Oquendo y Gabriel Chávez Casazola



Casas en quebradas,
casas mordidas por la roña, casas de tejas sin color

¿Por qué en América Latina los árboles
parecen cuellos cortados en el piso?
¿Pero acaso seremos siempre un país sin país?
Dios migró de aquí hace mucho y se fue por
el camino de la niebla donde nadie vuelve
¿Para qué esperar al que estuvo lejos
y no quería volver a contemplar lo que hizo?
De Carapungo a Calderón
se alza una parroquia
para que el nómada y el solitario
recojan la hierba seca

Un momento, les digo:
la caída azul de una golondrina pequeñísima
es una herida en el paralelo cero

Tremolas y espejean
                                   las hojas de los árboles
con el aire y sol de junio

Cactus elevados, manchas de hierba,
piedra calcárea en las montañas,
arbustos ásperos que espinan

Se huele la quemadura del rastrojo

A veces la vida es tranquila como un punto y aparte
No sigas a Ibarra. ¿Para qué?
Desde lo alto Otavalo te parece
un cuadro en miniatura

Es tal la claridad del lago que
se reflejan intactas las casas en las aguas
La niebla, con pies blancos,
sube despacio
al cráter del volcán

Uno ignora, o apenas si percibe, que
la mayor parte de la vía la anduvo a ciegas

¿Pero cómo vine aquí?





Cefalonia







Era agosto. Era 1988.
Yo veía desde lejos, como si estuviera
en cubierta, la línea verde, la línea larga
verde y sinuosa de la isla de Ítaca.
Oía el silbido de las embarcaciones
a punto de partir.
Bajo el sol en fuego de las cuatro de la tarde
a diario subía la colina para contemplar Ítaca
y oía los versos de los líricos arcaicos en el murmullo
de plata de los olivos. E imaginaba Ítaca.
En los caseríos de la isla miraba a las ancianas
tejer asiduas a la hora del atardecer y a los viejos
hablar como sólo lo hace el rumor de las olas.
Oía pláticas de los ancianos (que me sonaban
pero no entendía) frente a puertas y ventanas
de pequeñas casas albas que fulguraban más
con la fulguración del sol. E imaginaba Ítaca.
Con dos barcelonesas en las noches
cenaba cordero y ensalada,
mal gustaba del vino de resina, y decía que sí,
con seguridad decía que al día siguiente
me embarcaría hacia Ítaca: me esperaba el barco
en el que iría a la isla que era el final de la navegación.
La isla donde pensaba llegar. La isla
donde siempre pensé llegar.
Pero al alba siguiente posponía el viaje
para el alba siguiente y al alba siguiente
para el otro día. Mientras tanto,
subía a diario las colinas, visitaba en el bus
precipitados pueblos, saludaba
de mañana a los recién llegados,
los despedía al partir, y miraba
de tarde desde la colina
la costa esmeralda y ligeramente sinuosa
de la isla de Ítaca. 



Marco Antonio Campos (1949, México, DF, México)
Página recomendada: Coordinación Nacional de Literatura

Imagen: La convención

29 de octubre de 2016

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Ida Vitale



La palabra



Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
aéreas,
aireadas,
ariadnas.

Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.



Pájaro, comienzo

Fled is that music: -Do I wake or sleep?


Sigo esta partitura
de violentos latidos,
inaudible,
esta alocada médula
escandida por dentro,
canto sin música,
sin labios.
Canto.
Puedo cantar
en medio del más cauto,
atroz silencio.
Puedo, lo descubro,
en medio de mi estrépito,
parecer una callada playa
sin sonidos,
que atiende, suspensa,
el grito permitido de un pájaro
que llama a amor
al filo de la tarde.



Ida Vitale (1923, Montevideo, Uruguay). Profesora de literatura hasta 1973; obligada a exiliarse por la dictadura en Uruguay. Entre 1974 y 1984 vivío en México y en 1989 se radicó en Austin, Texas, EU. Premio García Lorca 2016. Autora de varios libros de poesía y de artículos periodísticos, ensayos y traducciones.
VFuente: Akantilado
Ver detalles de su biografía en https://es.wikipedia.org/wiki/Ida_Vitale
Páginas recomendadas: Letras LibresLa maja desnuda. Programa radial de poesía

28 de octubre de 2016

26 de octubre de 2016

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Koulsy Lamko


Koulsy Lamko nació en Chad en 1959. Poeta, dramaturgo, narrador, novelista, guionista, actor, y gestor cultural. Estudió Arte, Lengua y Literatura Francesa. Sus obras han sido montadas por compañías de Teatro en África, Europa y Canadá. Promotor del Teatro de la Comunidad en Burkina Faso, fundador y director del Centro para las Artes y el Teatro en la Universidad Nacional de Ruanda.










Ndjaména





Esta puta ciudad
No sabe callar los retozos de los que follan
Esta ciudad de leprosos de dedos entumecidos
Esta ciudad de mentiras donde se matan a los conejos
Que atraviesan por el río un paquete de azúcar
Ciudad horno para cocer el cuero de hipopótamo
Cuando soplan los alisios del árido desierto
Marzo abril mayo junio
Se engancha por completo al ojo, a la jeta, a la nariz
Ciudad polvo

22 de octubre de 2016

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Czeslaw Milosz




Café






Entre aquellos que se sentaban a la mesa del café,
desde donde en mediodías de invierno
             el escarchado
jardín brillaba en las ventanas,
sólo yo he sobrevivido.
Bien podría si quisiera ir hasta allí
y al tamborilear de mis dedos contra el helado vacío
convocar sombras.
con incredulidad yo toco el frío mármol.

21 de octubre de 2016

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Señalador



Jorge Fondebrider / Otra iglesia es imposible*





I. Delta del Ebro






Raches decían los carteles
y eran ráfagas brutales, mucha arena,
y el coche se movía. Dijo Andy:
“Mirá qué decadente arquitectura”.
Como de Miramar, le dije. 
 Volvimos atrás treinta veranos y a otros vientos, 
a ráfagas que también eran brutales,
y justo pasamos delante de la casa.
de un tipo que paleaba
arena que sacaba de su casa,
exactamente igual que ahora nosotros 
perdemos la memoria.





III. Perpignan-Narbonne






Desde el tren,
el rastro del viento sobre el agua
y los flamencos color rosa que buscan en el barro.

Y desde el tren,
un bote azul en medio de la nada
a la que llaman Peyriac de Mer.

O sea, el cielo dado vuelta,
volcado sobre el barro
en que flamencos buscan en medio de la nada. 





V. Marsella





Así se ve desde la ventana del hotel:
el mar parece un bosque de palos de velero.
Después, de las ventanas cuelgan sogas de las que cuelga ropa,
y hay dos que hablan en árabe, 
y pasa un corso, y pasa un italiano,
tres chicos detrás de una pelota.
Alzo la vista al otro lado de la calle y veo
la inevitable vieja en el balcón. 
Saludo con la mano. No me responde y entra. Vuelvo al puerto
como quien ve dos veces un fantasma de otro tiempo
y empieza a sospechar. 




*Todos los poemas en el post vinculado de Otra iglesia es imposible

20 de octubre de 2016

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Toshiko Hirata

Toshiko Hirata (1955, Shimane, Japón)
Ganó el Gendaishi Shinjinsho (Premio Nuevos poetas) en 1984, lo que lleva a la publicación de su primer libro, Rakkyo no Ongaeshi (Repayment of the Shallots), que se ha traducido al inglés. Autora de más de diez libros de poesía, incluyendo Terminal, Premio Bansui en 1997, de ficción (Sandwich Piano), ensayos y obras de teatro premiadas (Kaiun Radio / Goodman suerte Radio)). Su más reciente libro de poemas es Shinanoka. Los trabajos de Hirata han sido traducidos al inglés, chino, coreano, italiano y ruso. Un traductor principal de la poesía japonesa al inglés, Hiroaki Sato ha ganado el premio PEN American Center Traducción 1982 por From the Country of Eight Islands: Anthology of Japanese Poetry (Anchor Books, 1981, with Burton Watson), así como el Japón-1999 Premio Estados Unidos Amistad Comisión japonesa literaria de traducción por Breeze Through Bamboo: Kanshi of Ema Saikō (Columbia, 1997).
De: Arizona State University




Tesoro





La palabra más hermosa del mundo es Concertgebouw 
Hace cuatro años en Amsterdam mientras me paseaba en el tranvía de la tarde 
vi un edificio enorme frente a mí Te pregunté: ¿Qué es esto? 
Concertgebouw —Respondiste. 
Concertgebouw En ese entonces no sabía qué era eso pero tu voz que lo susurró fue tan linda que a partir de ese momento esa palabra se volvió  
    mi tesoro 
No había escuchado a alguien 
decirla antes ni después y fue la única vez que susurraste 
esa palabra que escuché sólo una vez 
Yo fui la única que oyó en aquel momento esa blanda voz tuya 
Escrito aquí de esta manera Mi tesoro de pronto pierde su brillo 
se convierte en algo menos que el cadáver de una cigarra 
Para desechar una cosa importante confesé mi secreto Para olvidarme de esa palabra y también de ti  
Adiós mi Concertgebouw 
Jamás volveré a enamorarme de ti Las cosas importantes hay que tirarlas una y mil veces 
Hasta el rocío dulce de la separación pierde sabor al ser escrito aquí 
Ni siquiera siento una herida 
Qué pena 






Imagen: Vagabond Press 

19 de octubre de 2016

18 de octubre de 2016

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Alberto Cisnero



​​Libros: La sustancia en infracción (2002), Los dados de la muerte (2004), Mil brillos apagados (2007), Akullico (2009), El precursor químico (2009), Tagsales (2010), Adiós y hasta pronto (2010), El movimiento obrero granizado (2011), Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes (2012), Ajab (2012), Oquei, gracias (2013), Las casas (2013), Forma parte de mi guerra (2015) y las novelas Hablamos cuando se pueda (2011) y Treinta dineros (2012) y Drugstore (2015).​​​​​​El límite de la materia (Ediciones Ruinas Circulares,2012),Tagsales (Encausto Edictores,2013), Adiós y hasta pronto ( Dio Fetente, 2013), El movimiento obrero granizado (Barnacle, 2014) y Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes (Barnacle, 2015).




me canto a mí mismo. a lo que tengo de débil
e inadaptado. es el cruce de los caminos, hijo.
en mi propio beneficio y para el lucro de cualquier
otro. es mejor guardar el debido silencio
cuando entra a fallar una gracia. con frecuencia
podés conseguirte otra. somos de la vieja estirpe,
de la más dura alevosía. si algunos de nosotros,
alcohólicos y penitentes, cae enfermo o tiene
problemas, podemos llamarnos. desde nuestros
corazones siempre nos estamos diciendo
bienvenido a casa, estuve lejos demasiado
tiempo pero regresé vivo. somos autores
de los hechos sin ser sus cómplices. acá
se paga en la puerta de salida.


///

sucedió todo eso, sucedió y ya no sucede,
algo vivo y quizá definitivo que, como un dique,
tenía su punto de menor resistencia.
sin que yo lo merezca, me favoreció en la niebla 
o las nubes, según hubiera sol o lloviese. uno
espera y se despide de lo mismo. agua lustral
hasta el agua de los caños. ni el oro, ni la paga:
tengas noche feliz y dulce sueño. te doy estas 
señales. el rumor, luego lo abrupto. surgirán
ya las flores. si de eso hablábamos.







Otros poemas de Alberto Cisnero, aquí

16 de octubre de 2016

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Marisa Negri




















La lana es la vida. Es el arreo con silbido y buen perro hacia la esquila y el hilado torcido para la resistencia. Los más antiguos no están y nadie quedará cuando nos vayamos yendo. Madrecita tejía ponchos bordados que no alcancé a aprender: roble, canelo, pello pello, tenía 12 años cuando todo empezaba. Madeja cruda teñida con barba de palo, tiene que hervir para que tome el color. El punto ceñido apacigua el viento, las agujas nunca se dirigen al pecho.

15 de octubre de 2016