Diego L. García

Diego L. García (1983, Berazategui, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Esa trampa de ver", Añosluz Editora, 2016 
Otro libro de Diego L. García: "Ruido invierno", La luna que, 2015





la barba de leopoldo II moja  
en la sopa un rostro negro  
que no vuelve / no 
los diamantes ya no pueden  
cruzar el mediterráneo 
sin los huesos del hijo 
de otro hijo / así leopoldo  
no rema ni se pone 
el salvavidas naranja 
…… 
moneda-ojo de propina  
sin distancia para mirar 





porque “Indépendant” significa para él 
que su barba flota a salvo / a tiempo 
para contar todo lo que hay que contar todo  
aquel cuerpo que le pertenece 
aunque ya se vea un poco arruinado por  
el agua / qué pena / qué otra cosa 
podría tener algún sentido para nombrar 
a un Estado / su propiedad / como otros  
que también hacen señas en altamar 
¿los ves? 
  





la ley del revólver miramos 
mientras la lluvia nos revuelve entre las bolsas  
de basura con la cara de quien 
ha clausurado el ojo 
entre varas espesas / neuronas menores  
equipadas para borrar hasta el respiro 
si la escena no saliera 
como en su sueño más empalagoso  
el bigote pegoteado 
en la miel del westner dice 
  




en este lejano oeste / sur nos quedamos  
a cultivar campos de exterminio 
donde las palabras simulan 
una granja arcádica / 
el verdadero creyente no descansa de  
producir embutidos 
que disparan por él 




a Juan M. 

el doctor strangelove puede caminar  
sobre la muerte / puede 
bailar en el rebote de esquirlas  
contra madres perforadas  
porque su lengua 
es la lengua dada 
pasea por nuestras vidrieras y piensa  
que ha sido muy corto 
el tiempo que dedicó a oler  
el café en la mañana  
algunos caen a su lado 
en charcos transparentes  
de vida líquida 
dos de azúcar en el noticiero vip  
qué otra cosa 
podría preocuparlo 






interferencia en concierto  
ya han desalojado 
las partituras 
aquel pibe que apedreaba el dictado  
dirige la danza en la esquina 
no tiene porqué  
pero es demasiado 
larga la telenovela policial 
…… 
¿quién has sido 
en todas esas escenas? 
la cacería 
es una caja china que te encuentra  
en el vacío de cada eslabón 






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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.