21 octubre 2016

Señalador



Jorge Fondebrider / Otra iglesia es imposible*





I. Delta del Ebro






Raches decían los carteles
y eran ráfagas brutales, mucha arena,
y el coche se movía. Dijo Andy:
“Mirá qué decadente arquitectura”.
Como de Miramar, le dije. 
 Volvimos atrás treinta veranos y a otros vientos, 
a ráfagas que también eran brutales,
y justo pasamos delante de la casa.
de un tipo que paleaba
arena que sacaba de su casa,
exactamente igual que ahora nosotros 
perdemos la memoria.





III. Perpignan-Narbonne






Desde el tren,
el rastro del viento sobre el agua
y los flamencos color rosa que buscan en el barro.

Y desde el tren,
un bote azul en medio de la nada
a la que llaman Peyriac de Mer.

O sea, el cielo dado vuelta,
volcado sobre el barro
en que flamencos buscan en medio de la nada. 





V. Marsella





Así se ve desde la ventana del hotel:
el mar parece un bosque de palos de velero.
Después, de las ventanas cuelgan sogas de las que cuelga ropa,
y hay dos que hablan en árabe, 
y pasa un corso, y pasa un italiano,
tres chicos detrás de una pelota.
Alzo la vista al otro lado de la calle y veo
la inevitable vieja en el balcón. 
Saludo con la mano. No me responde y entra. Vuelvo al puerto
como quien ve dos veces un fantasma de otro tiempo
y empieza a sospechar. 




*Todos los poemas en el post vinculado de Otra iglesia es imposible

2 comentarios:

  1. Uhh, ¡me encantó! Gracias Pedro, esta tipo de poesía es la que más me gusta.

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