Toshiko Hirata

Toshiko Hirata (1955, Shimane, Japón)
Ganó el Gendaishi Shinjinsho (Premio Nuevos poetas) en 1984, lo que lleva a la publicación de su primer libro, Rakkyo no Ongaeshi (Repayment of the Shallots), que se ha traducido al inglés. Autora de más de diez libros de poesía, incluyendo Terminal, Premio Bansui en 1997, de ficción (Sandwich Piano), ensayos y obras de teatro premiadas (Kaiun Radio / Goodman suerte Radio)). Su más reciente libro de poemas es Shinanoka. Los trabajos de Hirata han sido traducidos al inglés, chino, coreano, italiano y ruso. Un traductor principal de la poesía japonesa al inglés, Hiroaki Sato ha ganado el premio PEN American Center Traducción 1982 por From the Country of Eight Islands: Anthology of Japanese Poetry (Anchor Books, 1981, with Burton Watson), así como el Japón-1999 Premio Estados Unidos Amistad Comisión japonesa literaria de traducción por Breeze Through Bamboo: Kanshi of Ema Saikō (Columbia, 1997).
De: Arizona State University




Tesoro





La palabra más hermosa del mundo es Concertgebouw 
Hace cuatro años en Amsterdam mientras me paseaba en el tranvía de la tarde 
vi un edificio enorme frente a mí Te pregunté: ¿Qué es esto? 
Concertgebouw —Respondiste. 
Concertgebouw En ese entonces no sabía qué era eso pero tu voz que lo susurró fue tan linda que a partir de ese momento esa palabra se volvió  
    mi tesoro 
No había escuchado a alguien 
decirla antes ni después y fue la única vez que susurraste 
esa palabra que escuché sólo una vez 
Yo fui la única que oyó en aquel momento esa blanda voz tuya 
Escrito aquí de esta manera Mi tesoro de pronto pierde su brillo 
se convierte en algo menos que el cadáver de una cigarra 
Para desechar una cosa importante confesé mi secreto Para olvidarme de esa palabra y también de ti  
Adiós mi Concertgebouw 
Jamás volveré a enamorarme de ti Las cosas importantes hay que tirarlas una y mil veces 
Hasta el rocío dulce de la separación pierde sabor al ser escrito aquí 
Ni siquiera siento una herida 
Qué pena 






Imagen: Vagabond Press 

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.