León Plascencia Ñol



Rastro de nubes en San Felipe del Agua





Tu nombre aquí invisible…
J. A.



La terraza es un barco a la deriva. Hay epístolas que no entiendo bien.
Quieres respuestas, dices . Demasiadas nubes bajo el cielo de San Felipe
del Agua. Ahora quiero una historia. Por aquel sendero llevo a mi perro
a caminar. ¿Trajiste zapatos para andar por el cerro? Yo busco en tu cuerpo
una manera de decir que un acto de amor está más allá del círculo. Nubes,
casahuates y colibríes de pecho verde eléctrico. Nunca vimos el atardecer.
This plot of ground, dice Williams. Pero hay más, necesitas saberlo, como
ese abrazo mientras la luz cambia intermitente en la terraza. La felicidad
está aquí mientras se alejan los zanates y los petirrojos descansan
de ser piedras inversas. No se busca nada, un abrazo, la distancia
que ven los ojos. Más de cien kilómetros: allá está una idea del mar,

quizá lo podríamos ver pero ahora buscamos separar los colores
de esta montaña. Chíquiri ladra secamente. Ladrar secamente
es una rareza, escribir un poema es una rareza. Cubriste tu cama
para que no entren los mosquitos. I must tell you: una herida no cierra
rápido. Me gusta verte pintar, ya te lo dije; las manchas adquieren
consistencia y dolor; cada sombra de esta selva se impulsa en un color
y las palabras se alejan. No entiendo algunas epístolas aunque me gusta
escribir cartas largas en donde aparecen montañas. La terraza es un barco
a la deriva. Abro tus piernas: no quiero causar dolor. ¿Entiendes que las flores
cambian? Algo dice Williams en su poema: Del asfódelo, flor aún verde, / como
un ranúnculo / sobre la horqueta del tallo, / salvo que es verde y leñosa / vengo,
querida, / a cantarte. / Juntos vivimos largamente / una vida llena, / si quieres así
lo diré, / de flores. Por eso / me alegré / cuando supe que también hay flores /
en el infierno. (Versión de Octavio Paz). Pero yo quería decirte esto:  that
there were flowers also / in hell. Dar respuestas es difícil. He leído algunos
libros y nada ocurre, giro tu rostro, trazo en varios papeles japoneses. Debería
decirte  que quiero regresar a la playa para encontrarme con el cangrejo lento
y las olas extendidas en un amor  que es un vocabulario. Te hablo con la velocidad
de una figura retórica. Ya ves, esto no significa nada. Quise llenar más líneas,
dejar un gran silencio en su lugar, pedir una pizza, escuchar a Carlos y José;
“Flor de capomo” en tu voz. Ya deberíamos estar en la Cordillera. La terraza
es un barco a la deriva. Vemos desde aquí tu jardín –niwa, podría decir –. Leí
en algún lugar que niwa es jardín y aparece referido en el Nihon shoki. Ya sabes,
hold beauty, dice Carson. Escribir un poema es una rareza, es como atrapar
peces rojos en una laguna seca. En una ocasión el auto blanco quedó
a la orilla de la carretera para que tú miraras el valle de palmeras y las olas
estruendosas. Nunca Habías estado aquí. Arrojo una idea. Quieres respuestas,
dices . Demasiadas nubes bajo el cielo de San Felipe del Agua. Ahora
quiero una historia. El colibrí de pecho verde eléctrico se detiene un instante,
segundos de nuestro abrazo mientras hace frío. Tienes fantasmas en casa.
No busco el daño y el buque varado en alguno de los grises de la montaña.
Te explicaré mejor, dice él. Es algo muy simple. To say Beauty is Truth and stop,
de nuevo Carson  y esta nube blanca que no nos permitirá ver el atardecer.
Es la mejor manera que tengo de responderte. Escribir poemas es una rareza.
Antes de regresar cociné para ti como un acto de amor, pero a veces oculto
cualquier acto. Cargo piedras que no sé tirar. Quiero respuestas, dices
en un idioma amarillo. Sí, esta luz tiene excesos de grises y te veo
pintar silenciosamente. Te hablo y ya está el taxi entre los carrizales, no
vale la pena el desgaste de las piedras. Me equivoqué en los contornos,
las palabras se dañan por la velocidad. Quiero estar aquí, en esta terraza,
mirando el paisaje; abrazados, si quieres. Escribir poemas es una rareza,
los viajes se calculan dependiendo de la extensión de las palabras. Hoy
es una frase que no quiero dañar. Nunca quise abrir un cobertizo
para destruir los rastros del amor. Tengo miedo de las grullas silenciosas
del cuadro. No hiero, no busco herir. ¿“El sauce y la palma” te dice algo?
Tengo cicatrices, como ese tango. Ya sé que preferirías no escuchar ninguno,
hay demasiada cercanía para volverlo todo literario. Escribir poemas
es una rareza. Miro desde la terraza un colibrí. Ayer cayó una araña negra
-no sé su nombre- encima de la mesa del comedor y tu fantasma es blanco
y habla en un idioma incomprensible. Sigo pensando es los mensajes
y la prosa irascible. Aquí está la respuesta, quizá demasiado vaga, dirás,
pero las nubes grises casi cubren el cielo de San Felipe. No pude comerme
la empanada amarilla y no encontramos setas. Tengo objetos que vienen
de ti, palabras aprendidas en medio del abrazo. Querías imágenes, epístolas,
aquí las tienes. Ya sabes, hold beauty, dice Carson. Ésa es mi respuesta.





León Plascencia Ñol (1968, Jalisco, México)
Fuente: http://revistacritica.com/contenidos-impresos/poemas/tres-poemas-de-leon-plascencia-nol

Imagen: filodecaballos.com

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.