Alberto Santamaría



Breve historia del bodegón




La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
Xavier Villaurrutia

1.

Una botella sobre la mesa y junto a ella
un rollo de papel de cocina.

Valorar los vacíos que el espacio abre
en la composición visual de la página,

como si la página fuese
la superficie rectangular de un cuadro, o bien,

dedicarse a anotar las palabras, las sílabas, las letras,
todo aquello que en condiciones normales

nos haría sopesar la posibilidad
de extender la mano y decir adiós.

Una botella de plástico sobre la mesa:
la sabia mitología de un paisaje que nos contiene

y nos rechaza

con idéntica fuerza. La blanda lealtad
de estos ácaros

que se adhieren al lenguaje
sin hambre.

¿Era esta sombra un lugar
o era la arqueología de un hueco lo que nos llamaba?





2.

La botella permanece aún sobre la mesa.
Las excusas se hacen necesarias mientras la muerte
sea nuestro único tema, mientras nos contenga
hábilmente en su espejo mordido.

La lluvia, al otro lado,
transforma el paisaje
en un lugar sin ritmo.
Nos enseña el coraje de lo que carece de sorpresas.

¿Deberíamos entonces entender su posición moral en el mundo como una respuesta?
¿Deberíamos hacer algo más que repetir la exacta respiración de las cosas?






Alberto Santamaría (1976, Torrelavega, España) 
Fuente: https://revistaiman.es/2015/06/05/poemas-de-alberto-santamaria/

Imagen: salamancatvaldía.es

0 comentarios

Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.