25 marzo 2017

Germán Arens




En Facebook  
una chica que no conozco  
dice que en el mar hace frío.  
También que el mes de enero debería durar seis meses  
   
Carina, me cuenta que murió el hijo del rector, 
que estaba por ir a velarlo y una tormenta  
fue la excusa perfecta para no salir. 

Arturo, notifica la detención de una dirigente social.  
Agrega que no debe ser ninguna santa,  
pero que los ciudadanos, ante la situación actual,  
deberíamos  saber dividir los tantos  
y no permitir que un árbol nos tape el bosque. 

Un amigo no puede  dormir… 
Su novia no lo tiene en la cabeza. 

Un poeta me ofrece su libro: 
“Cada tribu tiene sus propios rituales para enfrentar el misterio
La nuestra, la de los poetas solitarios, no es una excepción                                                            
Cuando los poemas se guardan en un libro se vuelven definitivos
nuestro rito es compartirlos                                              
No hacerlo puede provocar la furia de las musas y  
condenarnos al eterno silencio”.  





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Los alacranes no están vivos. 
Pertenecen al estampado de mi calzoncillo. 




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El problema no es hablar con los perros 
sino contar lo que te dijeron. 




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En cuanto a forma,  
color, dimensión y perspectiva  
pudo haber sido una alteración visual. 
Aunque estoy casi seguro  
que ese resplandor del que hablo  
estaba vivo. 




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El mar estaba empecinado en tragarnos. Volví a pedirle a mi hermano que pise el acelerador. No hagas caso, me dijo, no hay mar, es solo una cristalización de tu mente; el día está hermoso. Sin insistir, en un acto reflejo, abrí la puerta de la camioneta. Al dar contra el suelo sentí dolor, no puedo expresarlo de otra manera: dolor. Mi codo derecho se desarticuló por completo y salvo movimientos del hombro mi brazo quedó inutilizado. Fue entonces que giré la cabeza, y otra vez el mar, perdiendo su liquidez, levantándose ante mí como una cobra gigante. 




De: ¡Oh, qué lugar más bello...!, Barnacle, 2017

Otros poemas de Germán Arens, aquí

1 comentario:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Qué alegría encontrar todavía lenguajes nuevos, formas aún no in(v/t)entadas de decir las cosas.