30 de abril de 2017

29 de abril de 2017

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Peter Gizzi busca un traductor

In Defense of Nothing 

Related Poem Content Details

I guess these trailers lined up in the lot off the highway will do.
I guess that crooked eucalyptus tree also.
I guess this highway will have to do and the cars
     and the people in them on their way.
The present is always coming up to us, surrounding us. 
It's hard to imagine atoms, hard to imagine
     hydrogen & oxygen binding, it'll have to do. 
This sky with its macular clouds also
     and that electric tower to the left, one line broken free.

26 de abril de 2017

25 de abril de 2017

22 de abril de 2017

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Kim Addonizio

Basura /





No sueles pensar a dónde va
después de que amarras la bolsa blanca y la lanzas
al contenedor que se encuentra en la calle. No piensas
en la pestilencia del camión al retroceder,
o en los hombres con sus asquerosos guantes
colgándose de los lados, maldiciendo desde la cercana
oscuridad de un nuevo día
en el cual, de alguna forma, alguien será lanzado
dentro de una celda
del mismo modo en que la basura es lanzada
dentro de un agujero profundo para quemarse,
del mismo modo en que los cuerpos son lanzados
para que los sepulten.
No piensas en los basureros, en las ratas que la hurgan,
en las malolientes pilas dentro de los túneles
- los zapatos gastados,
las muñecas con los ojos salidos, los centavos,
el anillo de bodas
que se perdió, cualquier cosa que haya encontrado
su lugar hasta ahí y que no va a regresar
más que como una mancha, un mal olor en el aire, veneno
sembrado en las nubes hasta que llueva de nuevo. Pero hoy
el clima es precioso; mira al cielo, su pureza,
su nulidad, sólo hay gaviotas cruzándolo en su transcurso
hacia las playas. No dejes que las gaviotas te recuerden
cómo se zambullen por peces con el pico,
cómo los peces flotan en las aguas residuales.
Especialmente no pienses en cosas muertas,
o en buitres, en cómo esperan de un modo tan paciente
mientras algo sangra en la tierra, y después
se empujan unos a otros
mientras se encorvan, vestidos de negro,
alrededor del cuerpo, alimentándose de la manera
en que todos se alimentan;
oh, no pienses ahora en toda la comida
que has desperdiciado,
en los platos que desechaste o se pudrieron
en la alacena, en el refrigerador,
no pudiste evitarlo, tu intención era salvarlos a todos,
a los niños especialmente,
pero la basura sigue llenando la casa; la impresión negra
de los periódicos,
las peticiones de dinero con listas de nombres, sus caras actuales,
ellos siguen vivos, están allá afuera con los guardias
y los soldados y las moscas, así que no te preguntes si tu casa
está limpia, no pienses ni por un minuto que lo tienes todo,
mira tus manos, están cubiertas de ella, puedes intentar
lavarlas o sumergirlas en cualquier otra cosa;
incluso un solo dedo, tómalo y raspa
un poco de la mugre, del estiércol y el hedor de los humanos,
siente cómo la más mínima esperanza se aferra ahí.




Traducción de Andrea Muriel
Fuente: Facebook de Luciana J. Coronado, Poemas de Luciana Jazmìn coronado, aquí


Oscureciendo, luego clareando





El cielo sigue mintiéndole a la granja,
alineando sus pesadas nubes
sobre la sombrilla de mesa azul
para luego lanzarlas sobre el río.
Y el día se siente desesperanzado
hasta que observa unos árboles
dejando caer delicadamente sus pétalos blancos
sobre el pasto junto a la casa de pájaros
posada en su poste de madera,
atiborrada de polluelos parpadeantes
como prendas en una maleta pequeñita. Al principio
deambulaste solitariamente en el jardín
y no ayudó en nada saber que Wordsworth
se sintió igual, pero entonces Whitman
te consoló un poco, y viste
el pasto como cabello sin cortar, anhelante
del producto que le da brillo.
Ahora estás recostada en el sofá bajo el tragaluz,
el cielo empieza a limpiarse,
mezcla su coctel de tristeza y resplandor,
un diluvio y luego una excavación
y luego suficiente tiempo para un
baile o un beso más antes de que empiece otra vez,
oscureciendo, luego clareando.
Escuchas el alto reloj de madera
en la cocina: su péndulo chasquea
de un lado al otro todo el día, y repica
con un sonido puro, cada hora a la hora,
aunque siempre a la hora equivocada.





Divino




Carajo, aquí está ese bosque oscuro otra vez.
Creíste que lo habías atravesado—
la mitad de tu vida, el ogro convertido en un ratón
de corazón detenido, la vieja bruja casi acabada,
los monstruos replegados en sus cuevas
a martillazos, rebasados los hombres
-lobo.
Habías salido de todo eso para encontrarte en un claro.
Había un hombre parado en él.
Tendió sus brazos.
Ping hizo tu iHeart
así que te quitaste toda la ropa.
Ahora había dos de ti
o quizás uno, aplastados juntos de nuevo
como mitades de un sándwich,
supurando mayonesa.
Viviste de uvas y antidepresivos
y de los ocasionales pequeños mamíferos marinados.
Miraste los DVD que cayeron
del árbol de DVDs. Nada
tenían prohibido, así que nada de qué preocuparse.
Llovió mucho.
Plantaste jitomates.
Algo malo tenía que pasar
porque sin conflicto no hay historia, así que
Chíngate, está bien, lo que sea,
aquí vienen más árboles negros
decorados con murciélagos dormidos
como feos adornos de Navidad.
¿No odias estas fiestas?
Todo ese dar. Todos los pesebres
artificiales, los falsos témpanos plateados.
Si tuvieras uno real podrías apuñalar
a tu muerto amor viviente en su enorme
corazón maldito. Pero, no, tienes un fideo plateado
con el que debes desollarte.
Negación del placer,
muerte antes de la muerte,
sola en los bosques con un par de murciélagos
desplegando sus alas chirriantes.











Kim Addonizio (1952, Betsheda, Maryland, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Martha Rodríguez Mega
Fuente: http://www.puntodepartida.unam.mx/images/stories/pdf/pp193.pdf
Enlaces:
Imagen: metroactive.com

21 de abril de 2017

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Manuel Podestá


Una canoa naranja y gris /





Después de remar durante dos horas por el río,
de pasar por arriba de las piedras negras
sumergidas en el agua turquesa,
de esquivar un par de remolinos pequeños,
llegamos al puerto donde los nenitos
juegan sobre la arena sucia,
sus papás pescan sobre la costa,
los más experimentados sobre el muelle 
a pesar de la crecida.
Por la noche, rojos por el resplandor del sol,
me despierto quejándome,
no tanto por las quemaduras,
más que nada por los dolores en las muñecas.
Me das una pastilla para calmar mi malestar;
debería agradecértelo aunque haya pasado tanto tiempo.
Remar pegados a las costas nos costó el doble:
no sabíamos que ir por el lecho facilitaba las cosas.
Mi única seguridad durante el trayecto
fue el temor de morir a una edad donde viajar
y charlar le da sentido a nuestro tiempo.





Trabajos de plomería





Un cordón negro de zapatillas
atado a la base de una canilla plateada.
La idea es direccionar la pérdida
hasta el pico, que el agua baje
y no se salga por los costados. 
Una hora antes, todo era un enchastre;
un gran charco sobre las baldosas
rojas, marrones, naranjas. 
Algún día te vas a tomar un colectivo
para reinventarte,
y yo seguiré haciendo mínimos
trabajos de plomería.



Emparejar los bordes





Trabajar el poema como un bloque.
Agarrar una masa y golpear varias veces.
Así se emparejan los costados.
La base es de cemento.
Sabemos que el helecho 
siempre crece verde.
Los que osen romper este poema
se van a quebrar las manos. 






Manuel Podestá (1984, La Paz, Entre Ríos, Argentina)

Imagen: Sites Google

20 de abril de 2017

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Gerry Murphy

Avance 




México, 1970.
Copa del Mundo, cuartos de final.
Inglaterra, dos arriba contra Alemania
y tranquila.
Mi hermano, regodeándose en silencio,
mi padre y yo sumidos
en un silencio rígido, abatido.
Me voy a la cocina
a hacer té,
Alemania descuenta uno.
“Muy poco, muy tarde”
declara mi hermano.
Vuelvo a la cocina,
Alemania iguala.
A mi padre y a mí nos sacan,
pestañeando, a la luz del día.
En tiempo extra,
Müller, ‘Der Bomber’, anota el gol ganador.
Nunca había abrazado a mi padre,
no he vuelto a abrazarlo desde entonces.





Gerry Murphy (1952, Cork, Irlanda)
Traducción: Gerardo Gambolini






13 de abril de 2017

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Desmond O'Grady

El poeta y su perro



En pareja trabajamos aquí en soledad, los dos juntos,
día tras día en cualquier estado del tiempo.
Su tarea es proteger la cocina de los gatos salvajes,

la mía es escribir diariamente mis manuscritos.
Más que la ciudad, más que conversaciones en público,
prefiero el silencio del estudio
de mi casa. Él, rodeando mis pies, nos mantiene a ambos
calentitos. Y como está bien alimentado, vale la pena
tenerlo, porque mantiene a esos gatos ladrones
a distancia de la alacena de nuestras comidas comunes.
A veces, cuando duerme, gruñe en sueños
mientras que yo estoy urdiendo intrigas literarias.,
Los dos nos acomodamos a lo que se debe hacer cada día,
esto atenúa la pesada broma que nos juega la vida.
Él es un maestro en su oficio, un trabajador dedicado.
Yo me entrego de por vida al mío y no lo cambio por ningún otro.


Desmond  O'Grady (1935, Limerick / 2014, Cork, Irlanda)
Traducción: Adam Gai

Imagen: www.independient.ie

The Poet and his Dog



We pair work alone out here together
day after day in every kind of weather.
His job´s to guard the kitchen from wild cats,
mine´s to daily make my manuscripts.
More than town, or talk in public places,
I prefer the silence of my house´s
study. He wrapped round my feet, keeps both
us warm. And, because well fed, he´s worth
his keep because he keeps those thieving cats
out of the larder of our common eats.
He sometimes growls in sleep about his dreams
while I am plotting literary schemes.
We both get on with what we must each day
which kills the joke of this life´s unfair play.
He´s master of his trade, devoted worker.
I pledged for life to mine and want no other.


Poetas irlandeses

9 de abril de 2017

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Como Chéjov



minutos antes del canto del zorzal
o de la alarma del despertador,
empieza a lamer mi cara.
El péndulo vivace del rabo
expresa la urgencia
de visitar el árbol y las mismas baldosas,
pero, especialmente
reconocer la marca
de su propia vida indiferenciada
y aunque nunca leyó a Chéjov
sigue el consejo sobre la escritura
en cuanto a su esencia: oler
como la primera vez
a diferencia del amigo que despierta,
que rastrea la pista del error existencial,
entre las brisas y las tormentas
de los recuerdos





© Pedro Donangelo (a Timmy)

8 de abril de 2017

6 de abril de 2017

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Jotaele Andrade


El trabajo de la memoria /




el día exhala una sed casi humana
y en el patio
el cachorro de perro y yo
somos la íntima
memoria
en que el instante se reconoce y sucede

yo
me estoy en la sed
como está el fervor de la brasa
en su combustión

él
cave un pozo

arroja negra tierra
que
fugazmente
ennegrece el aire

cuando acaba
hunde su boca en el agujero
y saca
un hueso
marrón

al que da vueltas y lo arroja
y vuelve a tomarlo

y a arrojarlo
nuevamente

yo lo miro hacer

veo su alegría de perro que roe un hueso
y pienso que así es el trabajo de la memoria




La música hace demasiado ruido




todo cuanto es música
y tiene un  ritmo
un compás

y crece y decrece
como el fuego en los pastizales del verano
como la cucaracha aplastada por mi pie

se  reúne en una misma
interminable
canción

digo que todo es música
el ronroneo del gato ante el alimento
los golpes del corazón
cuando el amor o el pánico

es música mi pie desnudo sobre el vidrio trizado
de la memoria

y el gemido inconsolable de las crías huérfanas

todo
todo música

la lluvia y le grito de quien ha visto lo indecible
o la tragedia

el roce de la rama contra el muro
el hilar de las arañas sobre la presa
y el zumbido
insistente de las moscas
sobre lo corrupto
el golpe del fruto contra el suelo
la sombra monótona de las cosas

cualquier nombre repetido
en el mantra
desesperado de la ausencia

digo que el mundo es una música que hace demasiado ruido





*




Cualquier brasa inicia la catástrofe
simple es existir
dejar que la música impregne
de volumen el silencio
medir el peso de la escarcha
en el árbol
mientras atizas los leños
y mantienes a raya los demonios
domésticos
del fuego
conoces los objetos que te rodean:
la máscara africana
y su madera que guarda
el rostro en blanco de un espíritu
la vajilla
las esculturas en cuyas formas
se ha hecho leve el mármol
la mesa donde apoyas
tus pies desnudos
tan familiar y tibia
tan llena de tu existencia tu casa
te alberga como a un molusco
que entre sus paredes nacaradas
piensa que está lejos la catástrofe
entonces una brasa salta
y cae en la alfombra
como esa liebre que hace una semana
saltó
dentro de la cerca
y sobre la que se abalanzó raudo el mastín de la casa



 


Otros poemas de Jotaele Andrade, aquí

 Imagen: www.laprimerapiedra.com.ar

4 de abril de 2017

2 de abril de 2017

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Hanni Ossott



La primera trama





Yo no sabía que la casa de la infancia
me hiriera después
y que sus gasas, sus cortinajes, sus ropajes
se apegaran acumulados
a mi piel interior.
Yo no sabía que debía rasgar esas vestiduras
y dejar hilachas
pedazos
entre el vivir.
Yo no sabía
que había que hacer, y deshacer
como a un tejido
Fiel
a una primera y única trama