Manuel Podestá


Una canoa naranja y gris /





Después de remar durante dos horas por el río,
de pasar por arriba de las piedras negras
sumergidas en el agua turquesa,
de esquivar un par de remolinos pequeños,
llegamos al puerto donde los nenitos
juegan sobre la arena sucia,
sus papás pescan sobre la costa,
los más experimentados sobre el muelle 
a pesar de la crecida.
Por la noche, rojos por el resplandor del sol,
me despierto quejándome,
no tanto por las quemaduras,
más que nada por los dolores en las muñecas.
Me das una pastilla para calmar mi malestar;
debería agradecértelo aunque haya pasado tanto tiempo.
Remar pegados a las costas nos costó el doble:
no sabíamos que ir por el lecho facilitaba las cosas.
Mi única seguridad durante el trayecto
fue el temor de morir a una edad donde viajar
y charlar le da sentido a nuestro tiempo.





Trabajos de plomería





Un cordón negro de zapatillas
atado a la base de una canilla plateada.
La idea es direccionar la pérdida
hasta el pico, que el agua baje
y no se salga por los costados. 
Una hora antes, todo era un enchastre;
un gran charco sobre las baldosas
rojas, marrones, naranjas. 
Algún día te vas a tomar un colectivo
para reinventarte,
y yo seguiré haciendo mínimos
trabajos de plomería.



Emparejar los bordes





Trabajar el poema como un bloque.
Agarrar una masa y golpear varias veces.
Así se emparejan los costados.
La base es de cemento.
Sabemos que el helecho 
siempre crece verde.
Los que osen romper este poema
se van a quebrar las manos. 






Manuel Podestá (1984, La Paz, Entre Ríos, Argentina)

Imagen: Sites Google

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.