Alberto Cisnero

06/05/2017

17 /





si dudás, que al salir, salga cortando. fue
mi alcázar de oro y gemas en todos los rincones
en los que uno está solo. ya dieron su fin
los laberintos y meandros de un viejo ría. mi alcázar
de oro y gemas, estas palabras cárdenas, a veces,
lo que perdura es lo que no se pronuncia.
y siempre hablé con intencíon. por tierra,
por mar, adonde el viento me llevó.
no presentaré mis excusas por ello. a declivio
se redujo, como si oyera golpes en la puerta,
como un sueño repetido.





19





aquí, en algún lugar de la frontera, de mi cabeza,
en un callejón oscuro o en un lugar solitario.
retrocedo en la escala de la evolución. enuncio
un hecho. sólo puedo destruirme. y tal vez no,
tal vez no me importe el daño que infligí. me volví
económico con el letrerío. adecué una falencia.
hay veces en que no disponés más que de una
oportunidad para decir algo. poso mis ojos sobre
los dibujos. no son buenos. guardan candideces.






13





basta de historias, de palabras sin nada
adentro, de presagios donde todo resulta fácil.
mi cómplice. mi infrascrito. mi divisa (contra
toda evidencia): hago el idiota del pueblo.
vivo en el presente y la honra no cuenta.
son las delicias de la especulación
teórica. pasa que cuando te morís
es por mucho tiempo





 De. "Oquei, gracias", Barnacle, 2017
 Otros poemas de Alberto Cisnero, aquí

0 comentarios

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.