Camillo Sbarbaro


¿Recuerdas las luciérnagas, querida?





¿Recuerdas las luciérnagas, querida
como un tejido sobre el mar de Nervi?
(pueblo borroso donde ayer estuve,
que ya mi corazón no reconoce).

Tal vez. Ya no recuerdo ni siquiera el gesto
que grabé en tu interior, y en mí gotean
dulces palabras que no sabes que has dicho.

¡Desilusión extrema la de los amantes!
dos vidas que en vano se juntaron
y aun si el bien sobrevive, los recuerdos
son manos que no llegan a tocarse.

Cada uno queda con su felicidad perdida
un poco atónitos y solos,
en un mundo vacío de sentido.
Miel secreta de la que se alimentan;
hasta que el propio recuerdo los consuma
y todo es como si no hubiera sido.

¡Oh, cuán poco lo que fue
nos separa de aquello que no fue!
Aun menos que la estela de la nave
agua del agua.

Quedarán
las luciérnagas de Nervi, las cigarras
la casa sobre aquel mar de Loano,
y toda mi escasa alegría –y tú–,
hasta que este recuerdo me desgarre.






Camillo Sbarbaro (1888, Santa Margherita Ligure / 1967, Savona, Italia)
Traducción: Ernesto Hernández Busto












La trama delle lucciole ricordi


La trama delle lucciole ricordi
sul mar di Nervi, mia dolcezza prima?
(trasognato paese dove fui
ieri e che già non riconosce il cuore).

Forse. Ma il gesto che ti incise dentro,
io non ricordo; e stillano in me dolce
parole che non sai d’aver dette.

Estrema delusione degli amanti!
invano mescolarono le vite
s’anche il bene superstite, i ricordi,
son mani che non giungono a toccarsi.

Ognuno resta con la sua perduta
felicità, un pò stupito e solo,
nel mondo vuoto di significato.
Miele segreto di che s’alimenta;
fin che sino il ricordo ne consuma
e tutto è come se non fosse stato.

O come poca cosa quel che fu
da quello que non fu divide!
Meno que la scia della nave
acqua da acqua.

Saranno state
le lucciole di Nervi, le cicale
e la casa sul mare di Loano,
e tutta la mia poca gioia – e tu –
fin che mi strazi questo ricordare.

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.