Eduardo Milán




El camino Ullán /




segundo camino Ullán



descarriados
fuera del carril de alquitrán del que no depende nada
salvo la vida, al costado
perdido el hilo del carrete en algún lugar sobre la carretera
¿y el carrusel dónde queda? queda en la feria, queda en el parque
de diversiones donde el niño –Alejandro- enredaba sus dedos
telaraña de nieve pegajosa una copa de algodón de azúcar la felicidad
pasan los autos que aquí se llaman carros
allá son carros los tirados por caballos que recogen basura de noche
en el cielo la Osa es el carro, la Mayor –en Uruguay, allá
recogen restos en el día, desechos que los que ahora son poemas cantan
tiempo del desecho que canta





tercer camino Ullán



la visión intimista donde todo es chico
en el sentido de pequeño, a la mano
los niños, seres a la mano, las mascotas, la perra
el pelo de la cabeza de los niños para pasar la mano
el reluciente, liso, sedoso casi, lomo de la perra negra

algo relativamente nuevo
siempre estuvo el detalle que palpita entre los valores grandes
esos imperios que en el pozo de la rabia te hacen levantar
para ver el cuerpo completo del caballo de costado
no desde abajo, desde sus cascos
caballo: forma incompleta de una máquina de guerra
siempre estuvo el detalle, brisa por la ventana abierta, aire fresco
entre las cortinas de dril, vida sola del pañuelo en el saludo

difícil detectar el destello en los escombros






Eduardo Milán (1952, Rivera, República Oriental del Uruguay)
Fuente: Dando la voz

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Imagen: www.elinformador.com.mx

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.