Joanna Wajs

Cuando te sentaste /





cuando te sentaste para pelar la manzana
por un momento alguien paró el parloteo del mundo
y oímos cómo la piel caía en la alfombra
ante el silencio de la gente los animales se tumbaron
la casa se ladeó sobre el verde roto
detrás de la casa el niño al enterrar al perro
volvió a tocarlo para asegurarse
de qué se conseguía salvar con el pasar de las cosas
la pulpa de la manzana el movimiento de los dedos
el brillo del cuchillo





En el espejo





miramos en el espejo durante una tormenta de verano
y de repente sentimos que somos un reflejo
en color, un eco perecedero de aquellos dos seres
en el cristal
cuando nos dimos cuenta, como en las manos de un ilusionista,
alrededor de nosotros los objetos empezaron a perder su peso
¿qué aspecto adoptaremos finalmente
cuando una pátina cubra el espejo?, ¿igual de colorido
y perecedero?
¿el de la manzana el del niño que corre para levantarla?






Joanna Wajs: (1979, Varsovia, Polonia)
De:"Poesía a contragolpe”, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012.
Traducción: Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Xavier Farré.



(En el f de Jonio González)
Imagen: http://www.biuroliterackie.pl

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.